Cierta vez, en una escuela de la red municipal de San Pablo donde se realizaba una reunión de cuatro días con profesores y profesoras de las diez escuelas del área para planear en común sus actividades pedagógicas, visité una sala donde estaban expuestas fotografías de los alrededores de la escuela. Fotografías de calles enlodadas, también de calles bien conservadas. Fotografías de recovecos feos que sugerían tristeza y dificultades. Fotografías de cuerpos caminando con dificultad, lentamente, desalentados, de caras maltratadas, de mirada vaga. Detrás de mí dos profesores hacían comentarios sobre que lo que más los impresionaba. De repente, uno de ellos afirmo: “Yo enseño hace diez años en esta escuela. Nunca conocí de sus alrededores más que la calles que le dan acceso. Ahora, al ver esta exposición de fotografías que nos revelan un poco de su contexto, me convenzo de cuan precaria debe haber sido mi tarea formadora durante estos años. ¿Cómo enseñar, como formas sin estar abierto al contorno geográfico, social de los educandos?”


Pedagogía de la autonomía

PAULO FREIRE

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Cuando él estaba en Guinea haciendo un trabajo con los campesinos, en un taller cuyo tema era el de la salud, había un viejito que estaba siempre callado. No participaba en ninguna de las dinámicas que ponían los coordinadores en las mesas, estuvo en una esquina, completamente callado, sin participar, durante tres semanas.

Pero un día al final del taller le pidieron que identificara una palabra generadora. Y se para el viejito que nunca había hablado y dice: “Salud es liberación, porque la salud se asocia con la liberación del hombre”, etc. Hizo entonces una larga y muy clara exposición analítica sobre todo lo que había venido tratando esa semana.

Entonces todo el mundo le dice: “Oiga, pero usted no había hablado, pensábamos que era mudo; en todas las dinámicas no hizo ruido, no participaba para nada”

El contestó. “No, yo estaba en silencio activo”.

 

Pedagogía de la esperanza
PAULO FREIRE

Nunca me olvido de las observaciones que hizo en Natal (Río Grande do Norte) una persona que estaba siendo alfabetizada en 1963, durante un debate en un círculo de cultura. Se discutía exactamente este tema – la importancia de las tareas que los hombres y mujeres debemos cumplir en la historia. “Ahora me doy cuenta – dijo, como si comenzara a liberarse de su baja autoestima, el zapatero de un taller precario, en la esquina de la calle – de que mi oficio de arreglar zapatos es también muy valioso. Con mi trabajo devuelvo, a quién me trae un zapato roto, otro casi nuevo. Cuido los pies de las personas, que además, gastan menos colocando media suela en el zapato, que si tuvieran que comprar otro nuevo. Tengo que luchar por la dignidad de mi trabajo y no sentir vergüenza de él. Lo que hago es diferente es diferente de lo que hace un médico que tiene su consultorio, del otro lado de la calle, de donde yo tengo mi negocio. Es diferente, pero también es importante”.

Aquel hombre estaba aprendiendo a escribir y a leer oraciones y palabras, “releía” el mundo y al hacerlo, percibía lo que antes, en una lectura previa no había captado. La relectura en la que se enfrascaba mientras se alfabetizaba reconstituía su autoestima…

 

Pedagogía de la indignación
PAULO FREIRE

… has dicho algo sobre la motivación. Me parece que esta es una cuestión interesante. Nunca conseguí entender el proceso de motivación fuera de la práctica, antes de la práctica. Es como si, primero, se debería estar motivado para, después, entrar en acción. ¿Me comprendes?

Esta es una forma muy anti dialéctica de entender la motivación.

La motivación forma parte de la acción. Es un momento de esa misma acción. Es decir, tú te motivas a medida que actúas, y no antes de actuar. En este sentido el libro será provechoso si su posible lector, en el momento mismo en que lo lea, es capaz de sentirse motivado por el propio acto de la lectura, y no por haber leído algo sobre motivación. Incluso así somos responsables también de eso. Es decir que debemos trabajar con seriedad en este libro, que, por ahora, es una conversación…

 

Miedo y osadía
PAULO FREIRE

En ese sentido, creo que el educando que participa en un proceso de educación permanente tiene que ser un gran preguntador de sí mismo. Quiero decir, no es posible pasar del lunes al martes sin preguntarse constantemente. Vuelvo a insistir en la necesidad de estimular en forma permanente la curiosidad, el acto de preguntar, en lugar de reprimirlo. Las escuelas rechazan las preguntas, o bien burocratizan el acto de preguntar. La cuestión no radica simplemente en introducir en la curricula el momento de hacer las preguntas, de las nueve a las diez, por ejemplo ¡no es eso! ¡Lo que nos ocupa no es la burocratización de las preguntas sino reconocer la existencia como un acto de preguntar!

La existencia humana está, porque se hizo preguntando en la raíz de la transformación del mundo. Existe una radicalidad en la existencia, que es la radicalidad del acto de preguntar.

Concretamente, cuando una pregunta pierde la capacidad de asombrar, se burocratiza.

Me parece importante observar que existe una relación indudable entre asombro y pregunta, riesgo y existencia. De modo radical, la existencia humana implica asombro, pregunta y riesgo. Y por eso mismo supone acción, transformación. La burocratización implica adaptación con un mínimo de riesgo, con cero asombro y sin preguntas. Así, la pedagogía de la respuesta es una pedagogía de la adaptación y no de la creatividad. No estimula el riesgo de la invención y reinvención. Para mí, negar el riesgo es la mejor manera de negar la existencia humana.

 

PEDAGOGÍA DE LA PREGUNTA
PAULO FREIRE

Sergipe, nordeste de Brasil: Paulo Freire inicia una nueva jornada de trabajo con un grupo de campesinos muy pobres, que se están alfabetizando.

  • ¿Cómo estas Joao?

Joao calla. Estruja su sombrero. Largo silencio, y por fin dice:

  • No pude dormir. Toda la noche sin pegar los ojos.

Más palabras no le salen de la boca, hasta que murmura:

  • Ayer yo escribí mi nombre por primera vez…

 

Nunca subestimemos el valor del aprendizaje y del trabajo conseguido… quizás parezca poco a nuestros ojos, pero puede ser un mundo para otros… siempre con vocación y convicción…

 

Pedagogía del oprimido
PAULO FREIRE

¿Cómo construir la pedagogía de la movilidad?

En primer lugar, moviéndonos. No es posible trabajar por una pedagogía del movimiento quedándonos quietos. Primero tenemos que andar, y andar significa, en este caso, aún quedándonos sentados, estar abiertos al cambio y a la diferencia. Yo no puedo hablar a los alumnos de una pedagogía de la palabra si los silencio, si ante una pregunta que me crea dificultad contesto: “¿Vos sabes con quien estás hablando?”. Ustedes no se imaginan lo que se aprende con alguien diferente. A veces no aprendemos con quien es igual, pero con el que es diferente, siempre aprendemos. A veces aprendemos, incluso, con el antagonista. Una pedagogía del movimiento es una pedagogía de apertura hacia el otro, el diferente. Cuando llegué del exilio, en uno de mis primeros seminarios, en la Universidad Católica de San Pablo, tuve de alumna a una joven señora, seguramente reaccionaria, que guardaba hacia mi persona un resentimiento gratuito, histórico. Cuando hablé de lo que pensaba hacer, ella me miró y me dijo: “No voy a faltar ni un día a su clase porque quiero ver si hay coherencia entre lo que dice y lo que hace”. Yo le contesté: “Muy bien, muchas gracias, estoy contento de que usted venga, será siempre bien recibida y tengo la certeza de que cuando terminemos el semestre usted va a descubrir con pruebas concretas que lo que digo coincide con lo que hago”. Nunca tuvimos una relación mayor, pero nunca faltó, y terminado el semestre tuvo la nota más alta, porque era una mujer seria, estudiosa e inteligente, pero reaccionaria, y ser reaccionaria era un derecho que tenía, como el que yo tengo de no serlo. Cortésmente nos despedimos y ella dijo: “Usted hace lo que dice”. Ése fue el mejor regalo. En realidad, el mejor regalo hubiera sido que ella viniera a verme y dijera: “Me convertí, ahora soy una mujer progresista”. No es fácil. Siempre existe la tentación de rechazar al que piensa diferente. Hay que dar esa pelea. El profesor que quiere ser coherente con su posición democrática y ética tiene la obligación de entender y respetar las opiniones diferentes a las suyas.

 

El grito manso
PAULO FREIRE

Lo que quiero decir es que el educando se torna realmente educando cuando y en la medida en que conoce o va conociendo los contenidos, los objetos cognoscibles, y no en la medida en que el educador va depositando en él la descripción de los objetos o de los contenidos. El educando se re-conoce conociendo los objetos, descubriendo que es capaz de conocer, asistiendo a la inmersión de los significados en cuyo proceso se va tornando también significador crítico. Más que ser educando por una razón cualquiera, el educando necesita volverse educando asumiéndose como sujeto que aprende y no como resultado del discurso del educador…

“Muy bien – dije en respuesta a la intervención del campesino -, acepto que yo sé y ustedes no saben. De cualquier manera quisiera proponerles un juego que, para que funciones bien, exige de nosotros lealtad absoluta. Voy a dividir el pizarrón en dos partes, y en ellas iré registrando, de mi lado y del lado de ustedes, los goles que meteremos, yo contra ustedes y ustedes contra mí. El juego consiste en que cada uno le pregunte algo al otro. Si el interrogado no sabe responder, es gol del que preguntó. Voy a empezar por hacerles una pregunta”.

Primera pregunta:

  • ¿Qué significa la mayéutica socrática?

Carcajada general, y yo registré mi primer gol.

  • Ahora les toca a ustedes hacerme una pregunta a mi – dije. Hubo unos murmullos y uno de ellos lanzó la pregunta:
  • ¿Qué es la curva de nivel?

No supe responder, y registre uno a uno.

  • ¿Cuál es la importancia de Hegel en el pensamiento de Marx?

Dos a uno.

  • ¿Para qué sirve el calado del suelo?

Dos a dos.

  • ¿Qué es el verbo transitivo?

Tres a dos.

  • ¿Qué relación hay entre la curva de nivel y la erosión?

Tres a tres.

  • ¿Qué significa epistemología?

Cuatro a tres.

  • ¿Qué es abono verde?

Cuatro a cuatro.

Y así sucesivamente, hasta que llegamos a diez a diez.

Al despedirme de ellos hice una sugerencia: “Piensen en lo que ocurrió aquí esta tarde. Ustedes empezaron discutiendo muy bien conmigo. En cierto momento se quedaron en silencio y dijeron que sólo yo podía hablar porque sólo yo sabía y ustedes sabían diez cosas que yo no sabía. Piensen en eso…”

 

Pedagogía de la pregunta
PAULO FREIRE

El gran peligro del asistencialismo está en la violencia del antidiálogo, que impone al hombre mutismo y pasividad, no le ofrece condiciones especiales para el desarrollo o la “apertura” de su conciencia, que, en las democracias auténticas, ha de ser cada vez más crítica.

Sin esta conciencia cada vez más crítica no le será posible al hombre integrarse en su sociedad en transición, intensamente cambiante y contradictoria. De ahí a las relaciones de asistencialismo y masificación de las que es a un mismo tiempo efecto y causa.

Lo que importa, realmente, es ayudar al hombre a recuperarse. También a los pueblos. Hacerlos agentes de su propia recuperación. Es, repitamos, ponerlos en una posición conscientemente crítica frente a sus problemas.

El asistencialismo, al contrario, es una forma de acción que roba al hombre condiciones para el logro de una de las necesidades fundamentales de su alma: la responsabilidad.

La satisfacción de esta necesidad – afirma Simone Weil, refiriéndose a la responsabilidad- exige que el hombre tenga que tomar a menudo decisiones en problemas grandes o pequeños, que afecten intereses ajenos y propios, con los cuales entonces se siente comprometido.

Es exactamente por eso por lo que la responsabilidad es un hecho existencial. De ahí que ella no pueda ser incorporada al hombre intelectual sino vivencialmente.  En el asistencialismo no hay responsabilidad, no hay decisión, solo hay gestos que revelan pasividad y “domesticación”. Gestos y actitudes. Es esta falta de oportunidad para decidir y para participar responsablemente lo característico del asistencialismo que lleva a sus soluciones una contradicción en cuanto a la vocación del hombre a ser sujeto y a la democratización fundamental. En verdad, no será con soluciones de este orden, internas o externas, como se ofrecerá a un país un destino democrático. Lo que se precisa urgentemente es dar soluciones rápidas y seguras a los problemas más angustiosos. Soluciones, repito, con el pueblo y nunca sobre o simplemente para él.

La educación como práctica para la libertad
PAULO FREIRE