Una de las cuestiones fundamentales en un proceso innovador como elemento impulsor es el deseo. El deseo de construir algo diferente, alimento básico para vencer las incidencias que van a emerger consustanciales con lo nuevo. ¿Cuánto deseo existe en unas organizaciones diseñadas para ejercitar, como un mecanismo, unas tareas predefinidas y ausentes de significado para quienes las tienen que acometer?

Los sistemas de trabajo habituales no están diseñados para impulsar el protagonismo de las personas, para desplegar su deseo sino para que realicen tareas en ausencia del significado de su trabajo. Situar el protagonismo como centro en el quehacer de la organización y como consecuencia el aprendizaje, el despliegue de la creatividad y la responsabilidad sobre lo que se desarrolla exige una recreación de los sistemas y con ello, de las dinámicas de información, comunicación, cooperación, etc. que contienen.

Creemos espacios colectivos y singulares en cada organización que afronten la necesidad de avance en el protagonismo de las personas, únicas que les dan sentido y pueden ofrecer un futuro en un proceso de construcción colectiva.

Solamente se requiere abandonar las situaciones de aparente conformidad y la impresión de haber llegado a alguna parte. Frente a ello, debemos fluir en otros conceptos, en otras posibilidades a veces contracorriente de las modas y cultura de la gestión. Crear una nueva realidad organizacional más plena lo exige. Y a partir de ahí, a innovar.

(Alberto Etxeandia | Fragmento de artículo: “Ser innovadores para innovar”)

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