Cambiar la perspectiva de forma radical: ya no se trata de alinear y motivar a las personas hacia un objetivo dado, sino que se trata de liberar los contextos para que las personas cooperen, se comuniquen, activen su conocimiento, lideren, tengan iniciativas, aprendan, se enriquezcan… desde sus deseos.

(Conceptuando sobre transformación organizacional | Maite Dárceles & Alfonso Vázquez)

El conocimiento se activa desde la libertad. Es obvio que activar y poner en valor el conocimiento requiere poder.

Si queremos avanzar en el despliegue del potencial y del conocimiento de todas las personas, éstas requieren poder para definir su actividad. Por tanto, sólo en un contexto de poder distribuido se puede activar el conocimiento.

El concepto de poder que estamos manejando no es el poder sobre otros o sobre una actividad, que tiene una implicación excluyente («si tú tienes ese poder, yo no lo tengo»), sino que hablamos de poder para hacer, para decir, para decidir: éste es un poder que no excluye, sino que suma, que genera, que construye.

Una organización que consigue hacer desplegar el potencial de sus personas, con su talento interdependiente y su capacidad de innovación, será sin duda una organización con muy poco poder excluyente, sino distribuido, y con un gran poder para crear y hacer.

(Maite Dárceles & Alfonso Vázquez)

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