El vuelo del barrilete como metáfora del desarrollo

 

En una primera aproximación, el desarrollo puede ser entendido como un proceso de toma de decisiones de enorme amplitud y complejidad, y las decisiones son tomadas por personas, seres humanos, por seres de carne y hueso, que ocupan determinadas posiciones en la malla social del territorio, que son dueñas de determinadas cuotas de poder, y que mantienen entre ellas relaciones signadas a veces por la confianza y a veces por la desconfianza.

La falta de relaciones de confianza en un territorio suele ser un escollo de primera magnitud para la formación de proyectos colectivos de desarrollo.

No hay ninguna receta que garantice el éxito en materia de desarrollo. Pero sí hay por los menos dos afirmaciones ciertas: si el desarrollo se encuentra en nuestro futuro, no será con las ideas del pasado que lo alcanzaremos; si el desarrollo es un producto de la propia comunidad, no serán otros sino sus propios miembros quienes lo construyan.

Se requiere un nuevo paradigma. Existe una necesidad de ser heterodoxos en el pensamiento y en la acción: no “hacer más de lo mismo”.

El diseño, la construcción, la conducción y el ambiente favorable son los componentes básicos del éxito del vuelo de un barrilete, y también lo son del desarrollo territorial.

Durante mucho tiempo prevaleció en todas partes la tendencia a imaginar que el desarrollo es algo cuantificable, cuyo sustrato es la acumulación, la inversión, la formación de capacidad productiva. Sin embargo, la experiencia ha demostrado ampliamente que el verdadero desarrollo es principalmente un proceso de activación y canalización de fuerzas sociales, de mejoría en la capacidad asociativa, de ejercicio de la iniciativa y la inventiva. Por lo tanto, se trata de un proceso social y cultural, y solo secundariamente económico. El desarrollo se produce cuando en la sociedad se manifiesta una energía capaz de canalizar, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas.
Una verdadera política de desarrollo tendrá que ser la expresión de las preocupaciones y aspiraciones de grupos sociales que toman conciencia de sus problemas y se empeñan en resolverlos. No obstante, sólo la actividad política puede canalizar esas energías de forma de producir sinergia.

El desarrollo puede ser concebido como un proceso complejo de construcción de un proyecto político concertado entre diversos actores.
Para avanzar en esa construcción, como primer paso debemos multiplicar las conversaciones sociales: se requieren más y mejores espacios públicos de intercambio comunicativo, porque el lenguaje tiene un papel activo y generativo. Es lo que se denomina el poder transformador de la palabra… a través de él generamos nuestros objetos y productos, transformamos el mundo, abrimos o cerramos posibilidades, construimos futuros diferentes.

El concepto de proyecto político permite descartar la ilusión neoliberal de un desarrollo “automático”, como un proceso que no exige reflexión, negociación ni participación de los diversos actores involucrados.

El desarrollo no es el privilegio de unos pocos; es el derecho de todos, que se alcanza mediante procesos colectivos basados en el conocimiento, en la asociatividad y en el liderazgo político.

BASADO EN:

– “TEORÍAS Y METÁFORAS SOBRE EL DESARROLLO TERRITORIAL” – SERGIO BOISIER.
– CONVERSACIONES SOCIALES Y DESARROLLO REGIONAL – SERGIO BOISIER.

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