El conocimiento está poblado de ausencias, no de presencias

Conocimiento = Pensamiento (construcción conceptual) + Emoción (deseo) + Acción (creación transformadora)

Educar no es, ni debería ser, transmitir lecciones, conocimientos enlatados que se repiten en las clases.

El alumno es valorado actualmente en tanto demuestre capacidad de retener y repetir el discurso establecido, reproduciendo las condiciones del sistema.
El aprendizaje no es la capacidad de repetición del pasado, memorización, ejercitación del archivo de los depósitos (Paulo Freire).

Está quedando afuera la idea -y su traducción a la práctica- de que la historia se hace, la filosofía se construye. Esto quiere decir que se bloquea la capacidad subjetiva del alumno de recrear los conocimientos y el mundo.

Según Mintzberg:

“…nunca se ha demostrado que la intuición independientemente de lo misteriosa que sea, sea menos racional que la racionalidad convencional y formal – nadie ha demostrado que sea un proceso inferior…”.

“Racionalizar casi inevitablemente quiere decir cortar, reducir, eliminar, no integrar o crecer o crear… la integración, el crecimiento y la creación dependen de otra forma de pensamiento – de ver holísticamente, desde la perspectiva de la síntesis, los procesos que aparecen más allá de la burocracia maquinal”.

El potencial creativo del conocimiento (pensamiento, emoción y acción) choca con los límites del poder constituido.

El conocimiento como condición básica de desarrollo humano ha intensificado aún más su potencial de operación y reproducción con la combinación de las tecnologías de la información y la comunicación.

Pero este potencial creativo del conocimiento en acción en su expansión, realización y reproducción no puede quedar contenido en los límites marcados por el poder constituido.

El conocimiento remite a capacidad creadora, innovación social y transformación generadora.

El conocimiento despliega su proceso generativo bajo condiciones muy diferentes a las manifestadas por el poder constituido. Está poblado de ausencias, no de presencias. Su potencia innovadora busca lo que falta, lo que no está. Todo lo presente está inventado y por lo tanto establecido.
Se origina en deseos, no en finalidades. Lo que quiero, lo que deseo es impulso para constituir lo nuevo, abrir territorios, explorar nuevas condiciones. La finalidad -en cambio- tiene que ser formulada y conocida de antemano, cerrando el potencial abierto y el poder creativo del deseo.

(Basado en desarrollos de Alfonso Vázquez)

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