Mientras no recuperemos nuestra palabra, como propia, con fuerza e identidad propias, no tenemos madurez política ni social; somos objetos de los otros: de los que “tienen la palabra”.

La educación política y la educación en general, al fin y al cabo, se resume en esto: tomar la palabra.

Esa palabra pensante, propia, creadora y creativa; una palabra que piensa, siente, elige, decide y propone.

Es la palabra-poder.

Entonces el lenguaje se transforma en la mediación por medio de la cual nos expresamos, expresamos nuestras percepciones vivenciadas y nos relacionamos con los otros seres humanos.

Salimos del encierro de un yo enclaustrado para encontramos con un tú que nos interpela.

Si la democracia (poder del pueblo) consiste en que el pueblo asuma esta palabra creadora, los regímenes autoritarios revelan la ausencia de palabra en el pueblo y la acaparación de poder en unos pocos.

El silencio-pasivo de una sociedad es el signo de su inmadurez o de la opresión de un pueblo, o de ambas cosas.

En definitiva, es el signo de una democracia o de un pueblo impotentes.

Afirmar la espontaneidad es recuperar el placer de expresarnos, en un lenguaje que es expresión y autorrevelación: es la libertad ejercida de comunicarnos, de afirmar lo que sentimos y pensamos, de reírnos o de llorar, de jugar, saltar o bailar, de hacer bromas o de ponemos serios, de aplaudir, gritar y aclamar, de tomarnos la vida con humor y de abrazar a alguien que sufre.

En las manifestaciones políticas todo este lenguaje se pone en marcha, sobre todo cuando el pueblo participa y lo hace a su manera. Es el puro y legítimo placer de expresar lo que se piensa, siente y quiere.

Hemos vivido años de miedo y de represión política, educativa, social, militar y religiosa. Miedo a la autoridad, a Dios, al infierno, a los exámenes, al ridículo, a ser distintos.

Recuperar nuestra palabra supone recuperar nuestra libertad.

Y esta tarea implica audacia. 0 sea: animarnos a decir y hacer aún con riesgos.

Es el riesgo de la libertad, cuando perdemos protección a cambio de autonomía.


Fragmento de artículo “Comunicación, vínculo y personalidad”.
(Lic. Santos Benetti)

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