Hacer comunicación popular es contar con un proyecto estratégico para participar con voz propia en la disputa simbólica, esa que nos plantea a diario a quién recurrimos para enterarnos de qué pasó, si solamente a las voces oficiales o también a los protagonistas de los hechos; la que nos hace pensar qué nombre les ponemos a las cosas, cómo cuestionamos desde otro lenguaje a las formas con que el poder mediático todos los días nos cuenta las noticias.

Una organización no solamente comunica cuando está en un medio específico, sino permanentemente por medio de sus prácticas cotidianas.

Lo que una organización hace todos los días es comunicación, produce sentidos, indica una manera de hacer las cosas y de ver la realidad.

El desequilibrio de poder se expresa a través de unas pocas voces autorizadas a tomar la palabra, destinando a otras a ser meramente escuchas o audiencias.
El discurso opera siempre de un lado a otro, impidiendo el diálogo en igualdad de condiciones alrededor de un tema o cuestión. A lo sumo, se permite el feedback o retroalimentación, el famoso ‘ida y vuelta’, aunque siempre dentro de las condiciones que el emisor original impone.

El modelo hegemónico de comunicación sostiene su esquema de emisor-receptor,
reforzando la idea de que hay ‘quienes saben’ y ‘quienes no saben’, quienes pueden informar y quienes deben ser informados.

Sin duda, una de las principales disputas de la etapa actual es la conquista de la visibilidad pública por parte de los sectores populares. Ningún actor social se constituye como legítimo para decir, hacerse escuchar, ser una voz válida para dar su mirada de la realidad sin una estrategia de comunicación.

Podemos decir que los medios comerciales operan mediante Tres lógicas/trampa:

Negación: las organizaciones ni siquiera son mencionadas, sus noticias no aparecen en la agenda, son silenciadas.

Estigmatización: las organizaciones son mencionadas con una fuerte carga negativa de sus acciones, en general nombradas a través de “etiquetas” que circulan y se instalan en el sentido común (piqueteros, gremialistas, militantes), cargándolas de un significado negativo.

Despolitización: las organizaciones son presentadas como “solidarias”, que “ayudan a la gente”, situándolas –a lo sumo– como parches pintorescos frente a la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

La comunicación popular trabaja desde la articulación entre actores que comparten una mirada y una acción común sobre los problemas, que se proponen intervenir colectivamente.

(FRAGMENTOS DE CUADERNILLO: “ORGANIZACIONES POPULARES Y COMUNICACIÓN POPULAR”)

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