Para reflexionar…

– Acerca de lo que sucedió en la Universidad Nacional de La Rioja-Argentina en Septiembre de 2013 –

| Armado a base de distintos textos que encontré en Internet  |

El autoritarismo se nutre de hombres soberbios.

Una cultura vertical que abruma y reduce el horizonte de las inteligencias juveniles a la subordinación y al conformismo, tendrá que ceder al empuje democrático proveniente de la sociedad, y a la demanda de las vanguardias universitarias de mayor participación política en las decisiones de la institución.

Los espacios de participación, tendrán que ser cada vez más importantes.

Se ha iniciado un proceso más sistemático de discusión colectiva, de reflexión crítica y autocrítica; se está poniendo a debate público los problemas de la Universidad.

Se está empezando a generar de este modo una mayor cultura de la participación de nuestra comunidad.

El incremento expansivo de las redes sociales como instrumentos de comunicación e información, se convirtieron en útiles herramientas de las modificaciones académicas, pero también de cambios en los niveles de comprensión y atención de las problemáticas universitarias.

Está emergiendo un espíritu universitario renovado, efecto inherente de la libertad que ya se está respirando.

Las autoridades que vendrán, tendrán que aprender que no deben utilizar a la universidad como un instrumento para fines personales o políticos. Es un deber inexcusable asumir que la universidad no es patrimonio privado de nadie, que los fines esenciales de la institución deben estar al margen de los intereses ideológicos y materiales de cualquier partido político o grupo.

No tengo ninguna duda que siempre habrá universitarios dispuestos a trabajar por la universidad, a defenderla con honestidad y entrega, y siempre habrá quienes luchen para hacerla mejor.

La Rioja necesita de la UNLaR, una universidad de toda la sociedad, de su pueblo, de la energía y la comprensión de todos los sectores sociales.

La cultura es el ámbito donde una sociedad hace su aprendizaje colectivo. Donde aprende a intervenir sobre sí mediante una continua comunicación pública de sus experiencias. En ausencia de una organización democrática de la cultura, en cambio, la sociedad se halla expuesta a la intervención de los grupos de poder que actúan sobre ella, sin que pueda desplegar su propia creatividad social. De allí que su aprendizaje colectivo, en condiciones autoritarias, se encuentre reprimido, y que tenga que expresarse en medio de un sistema de vigilancias y sanciones.

El modelo cultural autoritario es un sistema de exclusiones que tiende a impedir que los grupos, organizaciones y movimientos sociales dominados puedan constituirse en alternativas públicas de un nuevo ordenamiento social, político y cultural. Así el debate se encuentra excluido. La manifestación libre de opiniones no tiene cabida.

Una cultura democrática puede llamarse abierta cuando admite la expresión, incluso desigual, de diversas concepciones del mundo, corrientes de pensamiento, tradiciones culturales y constelaciones de valores, creencias y opiniones.

La gestión de Tello Roldán impuso un régimen que volvió impracticable el libre desarrollo de la creatividad social.

La cultura, en un contexto autoritario, deja de actuar como una influencia social poderosa en beneficio de la integración social y refuerza, en cambio, los procesos de estamentalización jerárquica de la comunidad.

La universidad tendrá que cultivar, en su interior, un ámbito creciente de libertad cultural, haciendo posible el desarrollo de un pluralismo creciente.

El proyecto autoritario de universidad está hoy en quiebra. Los síntomas indicativos son variados. La rebeldía estudiantil se ha multiplicado a pesar de las sanciones, las amenazas y las expulsiones.

La conciencia académica, a su vez, ha empezado a manifestarse cada vez con más vigor. Ya son muchos los profesores universitarios que no están dispuestos a callar frente al deterioro de sus instituciones.

El propio proyecto autoritario y el modelo cultural en que se inscribía la universidad carecen hoy de legitimidad. Solo pudieron ser impuestos por la fuerza. Pero precisamente esto repugna a la conciencia universitaria, y destruye las bases sobre la que ella se asienta: esto es, la necesidad de que todo argumento sea libremente expuesto y pueda ser rebatido racionalmente; que todo consenso surja de una comunicación públicamente sostenida entre interlocutores no sujetos a control: y que la fuerza sea eliminada radicalmente en beneficio de una persuasión argumentada. En la medida que el autoritarismo niega cada una de esas premisas sobre las que se desarrolla la conciencia académica, niega asimismo las condiciones comunicativas que son inherentes a la institución universitaria.

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