“Comunidad no es algo a lo que se pertenece, sino algo que se construye. No una coacción, sino una libertad. No es algo que sucede a pesar de lo miembros que la forman sino una producción, una generación y un deseo, un appetitus. Entrar en comunidad con alguien o algo, con otro o con otros, es una composición intrínseca con ellos que afecta de manera decisiva a las singularidades que se implican de este modo entre sí. Se entra en comunidad, cuando dos o más existencias componen sus potencias tanto según cierto modo de ser de las pasiones como según la razón. La producción de comunidad no presupone la eliminación de las pasiones sino más bien su existencia, en la medida en que no redunden en impotencia y en servidumbre sino en cuanto vías de liberación ética y política.” (Tatián, págs. 19, 20)