“La historia no es otra cosa que una constante interrogación de los tiempos pasados en nombre de los problemas
y de las curiosidades -e incluso de las inquietudes y las angustias- del tiempo presente que nos rodea y asedia”.


Fernand Braudel

 

 

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“Cada generación, sin duda, se cree predestinada para rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero quizá su tarea es mayor consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones decadentes, las técnicas que se han hecho demenciales, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, en las que poderes mediocres pueden hoy destruir todo (…)

Ante un mundo amenazado por la desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores nos ponen frente al peligro de establecer para siempre el reino de la muerte, mi generación sabe que debería, en una especie de carrera alocada contra este panorama, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo con la cultura y volver a hacer con todos los hombres una nueva arca de la alianza”


ALBERT CAMUS

Discurso del 10/12/1957, al recibir el Premio Nobel

 

 

“Ivan Ilich vio que se moría y su desesperación era continua. En el fondo de su ser sabía que se estaba muriendo, pero no sólo no se habituaba a esa idea, sino que sencillamente no la comprendía ni podía comprenderla.

El silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter: «Cayo es un ser humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal», le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo. Que Cayo -ser humano en abstracto fuese mortal le parecía enteramente justo; pero él no era Cayo, ni era un hombre abstracto, sino un hombre concreto, una criatura distinta de todas las demás…”.


León Tolstoi, “La muerte de Ivan Ilich”