El conocimiento, como Jano, tiene dos caras.
Una mira hacia el pasado en busca de referencias válidas sobre problemas ya resueltos, la otra lo hace hacia el futuro, porque para evolucionar debe ser permanentemente sometido a reto, brindando respuestas nuevas a situaciones no previstas.
El conocimiento se nutre más de interrogantes que de certezas, pese a lo cual, sólo se lo puede identificar a través de los resultados de la acción. Toda una paradoja.
El conocimiento es información con valor humano adicionado, por ello, representa la forma más difícil de manejar. En la práctica resulta muy difícil de separar datos e información de conocimiento, en todo caso se los puede identificar como parte de un continuo. El conocimiento más rico es simbólico y tácito y sólo con dificultad puede hacerse explícito.
Es valioso porque alguien lo ha contextualizado, lo ha comparado y relacionado con otras informaciones y conocimiento anterior, le ha dado significación, lo ha experimentado, le ha incorporado su propio juicio de verdad, ha analizado las consecuencias que tendrá su aplicación y lo ha “visto” con esa mirada particular que nos brindan nuestros valores y creencias.


Apunte universitario de Lic. en Gestión de Políticas Públicas

Asignatura: Gestión del Conocimiento en el Sector Público
Universidad Nacional Tres de Febrero (UNTReF)

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