Una magia para vivir (Rodolfo Kusch)

Uno de los motivos por los cuales rechazamos el altiplano, estriba en que allá se cree en la magia, y nosotros aquí en Buenos Aires, ya no creemos en ella. Somos extraordinariamente realistas y prácticos, por cuanto creemos en la realidad.

¿Y qué es realidad para nosotros? Pues eso que se da delante de uno: las calles, las paredes, los edificios, el río, la motaña o la llanura. Todo esto no se puede modificar, porque no puedo cambiar de lugar una casa, ni alterar la orientación de una calle, ni puedo traspasar diagonalmente una manzana para llegar a mi hogar, ya que mi cuerpo es mucho más endeble que las paredes. La realidad indudablemente se impone porque es dura, inflexible y lógica. Más aún, es una especie de punto de referencia para nuestra vida, porque, cuando andamos mucho en las nubes, viene una persona práctica y nos dice: “hay que estar en la realidad”.

Y si no lo hacemos, se nos invoca la ciencia. Ella es la teoría que da una rara concreción a la realidad de tal modo que, no sólo ésta se refiere a las paredes y a las piedras, sino también a otros órdenes. Hay una ciencia económica para nuestros sueldos, otra para la política, otra para nuestras aspiraciones profesionales, otra para nuestros impulsos. Y todo es realidad, aunque “científica”. La realidad es entonces como un mar de plomo, que abarca un sin fin de sectores, y en el cual debemos desplazarnos con cuidado.

Pero un día estamos tranquilos en nuestra casa, y viene un amigo y nos trae la noticia de que en la esquina hay un plato volador. ¿Y nosotros qué decimos? Pues ver para creer. De inmediato pensamos salir corriendo, claro está doblando prudentemente las esquinas para llegar al lugar donde se depositó el extraño artefacto. Ahí lo veremos, y luego creeremos. La realidad coincide con las cosas que se ven.

Pero podría ocurrir que no saliéramos corriendo, y le dijéramos a nuestro amigo: “¿Me vas a hacer creer que se trata de un plato volador?” Y el amigo nos respondiera: “Todo el mundo lo dice”. Es curioso, ya lo dijimos, por una parte yo le hago notar al amigo que él me tiene que hacer creer, y por la otra, él se confabula con todo el mundo, o sea con los seis millones de habitantes de Buenos Aires, para que yo le crea. Y esto ya no es ver creer, sino al revés: creer para ver. A veces tengo que ver la realidad para creer en ella, otras veces tengo que creer en la realidad para verla. Por una parte quiero ver milagros para cambiar mi fe, y, por la otra, quiero cambiar mi fe para ver milagros.

Por eso, podemos creer en la realidad y en la ciencia, pero nos fascina que un hechicero del norte argentino haga saltar el fuego del fogón, para hacerlo correr por la habitación. También nos fascina que en Srinagar, en la India, algún guru o maestro realice la prueba de la cuerda, consistente en hacerla erguir en el espacio y en obligar a ascender por ella a un niño, quien probablemente nunca más volverá a descender. Y también nos fascinan los malabaristas en el teatro, porque hacen aparecer o desaparecer cosas, o seccionan a un ser humano en dos partes, y luego las vuelven a pegar sin más. ¿Y qué nos fascina en todo esto? Pues que la realidad se modifica. ¿Y en qué quedó el carácter inflexible, duro, lógico y científico de la realidad?

Mientras escribo estas líneas veo por mi ventana un árbol. Este pertenece a la dura realidad. ¿Si yo me muero, el árbol quedará ahí? No cabe ninguna duda. ¿Pero no podría pasarle al árbol lo que a nosotros, cuando muere un familiar querido? ¿En este caso qué lamentamos más: la ausencia definitiva del familiar, o más bien la hermosa opinión que él tenía de nosotros? ¿Le pasará lo mismo al árbol? Yo siempre lo he visto hermoso, y mi vecino, quien es muy práctico, ya no lo verá así. Cuando yo muera, morirá mi opinión sobre el árbol, y el árbol se pondrá muy triste y se morirá también.

¿Pero no habíamos dicho que la realidad es dura, flexible y lógica? Así lo dicen los devotos de la ciencia. Pero a mí nadie me saca la sospecha de que los árboles no obstante piensan y sienten. Porque ¿qué es la ciencia? No es más que el invento de los débiles que siempre necesitan una dura realidad ante sí, llena de fórmulas matemáticas y deberes impuestos, sólo porque tienen miedo de que un árbol los salude alguna mañana cuando van al trabajo. Un árbol que dialoga sería la puerta abierta al espanto y nosotros queremos estar tranquilos, y dialogar con nuestros prójimos y con nadie más. Evidentemente no creemos en la magia, no sólo porque tengamos una firme convicción de la dureza de la realidad, sino ante todo porque necesitamos llevarnos bien con 6 millones de prójimos encerrados en la ciudad de Buenos Aires. Y para ello es preciso poner en vereda a los árboles con su lenguaje monstruoso y creer en la dura, inflexible y lógica realidad. (*)

(*) Fuente: Rodolfo Kusch, Obras completas(vl), Indios, porteños y dioses, Buenos Aires, Editorial Fundación Ross.


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2 thoughts on “Una magia para vivir (Rodolfo Kusch)

  1. Ernesto diciembre 17, 2009 / 2:01 am

    Cooperativa de Trabajo “LOS HIJOS de la NADA” de Producción Cultural, Educativa, Artística y Editorial.
    QUIENES SOMOS
    Somos un conjunto de personas que creemos que es posible abrir caminos a través de la educación y el arte, como herramienta de transformación, transmitiendo conocimientos de una manera alternativa, reflejando la identidad de cada uno/a en su rol transformador del mundo que lo rodea. Creemos que de la nada se pueden generar el todo.
    Los artistas, intelectuales, educadores, y los seres sensibles a las artes y las ciencias necesitan de nuevos campos de estímulo y sensibilización profundizando en el camino del cuidado, del conocimiento, el trabajo y la seguridad, sumándose a una vanguardia que refleje continuidad y permanencia en el tiempo.
    Buscamos marcar una tendencia que esté despojada de todo aquello que daña y ayude a construir una cultura del siglo XXI, rescatando los orígenes y fusionándolos con las nuevas generaciones modificando las condiciones imperantes.

    MISION
    Promover la actividad cultural a través de la generación de espacios seguros para las distintas expresiones; fomentando la solidaridad, el cooperativismo y el respeto por los derechos humanos, desde una perspectiva inclusiva.
    Encauzar, a través de un prolífero campo de acción (ver detalle objeto), la energía de aquellos que deseen reflejar y transmitir el despertar de las conciencias. Reconocemos estar asistiendo a un momento único en la historia de la humanidad, el paso del materialismo al ser espiritual. En este desafío del que somos afortunados espectadores, pretendemos pasar al rol protagónico.

    VISION
    Ser una organización vanguardista de referencia, con presencia nacional e internacional, que construya y sostenga redes culturales donde se integren las buenas viejas experiencias con el empuje de las nuevas generaciones.

    VALORES
    Buscar la unidad desde la diversidad.
    Fusionar presente y pasado desde la integración.
    Respetar y promover los derechos de los artistas.
    Promover la presencia activa del espectador-creador.
    Hacer del arte un arma de denuncia y transformación.
    Ensanchar el campo de la cultura y la posibilidad de expresión.

    A quienes compartir no sescriben a: loshijosdelanada2009@yahoo.com.ar
    Desde ya GRACIAS por dejarnos compartir.

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