“La casa es el traje de la familia” (Entrevista a Rodolfo Livingston – arquitecto)

Enumera los tics arquitectónicos de los argentinos y reivindica a los “arquitectos de familia”, especialidad que inventó. El sufridómetro y el felisómetro.

Para los Livingston el humor es un bien de familia. El arquitecto Rodolfo (autotitulado “cirujano de casas”) avisa de entrada: “Tengo un carácter de mono, soy inquieto y me divierto”. Lleva genes escoceses y norteamericanos, al punto tal que el abuelo de su bisabuelo redactó la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, con Thomas Jefferson. Pavada de antecedente.

Sin ánimo de competir, a los 40 años él tuvo su primer hijo. A los 60 escribió su primer libro y se tiró en paracaídas. Los 75 lo encuentran “planeando casarme un siglo sí y un siglo no”, con su mujer arquitecta y arrobado con su tercer hijo, Rodolfo Tomás, de 1 mes. Buen nadador y adepto a los raids en moto, pionero del aerobismo en el país, despeja la mente con media hora de trote o bicicleta y lleva una libretita donde va anotando ideas: “Nunca entendí al Pensador de Rodin. Si uno tiene cara de culo y apoya el mentón sobre la mano, no se le va a ocurrir nada”.

Su estudio, en San Telmo, brinda soluciones creativas y económicas para vivir mejor (“Las casas muy equivocadas producen las mejores soluciones”, repite). Por eso se proclamó “San Rodolfo, Protector de los Arquitectos y sus clientes” e hizo imprimir 1000 estampitas con su imagen. A Livingston lo alteran la estupidez, los funcionarios obtusos y el enrejamiento de plazas y monumentos (“No debería haber un país que ponga preso a los bustos”). Siendo docente se movía en rollers por la Ciudad Universitaria. Cuando lo echaron como director del Centro Cultural Recoleta se atrincheró, y argumentó: “Sólo recibo órdenes del general Fontova”.

Noticias: Usted es inusual: ¿le gusta la transgresión?

Rodolfo Livingston: No me doy cuenta, me sale. No pretendo ser transgresor. Por ahí soy más libre, me preocupan menos los demás.

Noticias: ¿Se siente diferente?

Livingston: Soy diferente. Donde más lo siento es en las peluquerías, cuando hablan de fútbol: no entiendo na-da. Un tercio del cerebro de los argentinos está ocupado por la venta de los jugadores, los técnicos, las jugadas…También lo siento cuando no quieren creer que no sé jugar al truco. En cambio, soy trotador urbano, voy por la Costanera Sur, el Parque Lezama, Agronomía.

Noticias: ¿Por qué se hizo arquitecto?

Livingston: Distraído. Me gustaba Medicina pero me asustaba la sangre, y Derecho, pero me imaginaba con la toga como en las películas norteamericanas, y descubrí que había que hacer cola con papeles en Tribunales. Pero no abdiqué, soy cirujano de casas, y las defiendo. Cobro la consulta y hago la anamnesis como los médicos: tengo una forma de escuchar propia.

Noticias: ¿Los argentinos tienen tics arquitectónicos?

Livingston: Nuestra clase media urbana, comparada con la norteamericana, es más prejuiciosa. Allá no se avergüenzan de la cocina comedor, que es el corazón de la casa. Acá, en un departamento de 50 m2, quieren tener un comedor diario y otro formal, lustrado, que no usan nunca. O doble circulación, para que la mucama no pase por el living. Copian pautas de la clase alta, pero lo que es lógico en 200 m2 no lo es en casas chicas.

Noticias: ¿Con el uso de los colores también hay prejuicios?

Livingston: Están perdiendo el miedo al color. El paradigma máximo es el consorcio de propiedad horizontal, que pide “un color sufrido”, y así surge el “beige consorcio” (ríe), tan ajeno a la vida.

Noticias: Antes compraban libros por metro, los lomos encuadernados daban prestigio. ¿Y hoy, con el saber en decadencia?

Livingston: En los country dan prestigio la multiplicidad de los techos, los techos altos, pasa por épocas y modas. Muchos arquitectos copian modas, creen que la obra no está lograda si no colocan una columna redonda o una ventana triangular. El nombre Palermo Soho revela el cholulismo por los centros de poder.

 Este hombrecillo con algo de duende, que camina mientras habla o de pronto se levanta y juega con un balero, cumplirá 50 años como arquitecto. Cree que “en el mundo no hacen falta muchas más cosas, sino cambiarlas de lugar”, y se queja porque no es la memoria de la gente lo que marca el perfil de la arquitectura sino el mercado inmobiliario, una especie de mercado de Liniers: “Tiran abajo casas art nouveau y casas chorizos espléndidamente remodeladas para hacer centenares de torres, que son una vergüenza urbana. Todavía quedan muchas casas bajas, que se reforman en un 80 por ciento con albañiles o maestros mayor de obra, sin proyectos”

Noticias: ¿Contratar a un albañil puede salir más caro?

Livingston: Cuando aparecen nuevos hijos y otras necesidades familiares van techando espacios, llenando vacíos: ahogan los cuartos, construyen en el patio. Trabajan en desorden y gastan más. Podrían crecer de manera más inteligente, pero hace falta un diagnóstico, pensar. ¡No pensar es carísimo! La facultad no prepara a los arquitectos para pensar, sino para atender príncipes, Papas y jeques (ríe), muchos no saben trabajar con lo existente. La clase media, como el gobierno, ve los espacios como vacíos para construir, y dice: “ganamos espacio”. No piensan que las casas no son objetos sino procesos.

Noticias: ¿Ganar espacio a veces es perder espacio, resignificarlos?

Livingston: Claaro, es distinta la clase alta con sus countries y torres, a la clase media, que hace lo que puede.

Noticias: ¿Le gusta el minimalismo: casas tipo convento, muebles cuadrados y duros, mucho aluminio y un cactus sobre la mesa?

Livingston: Nada, es deshumanizado. La casa es una forma de relacionarnos con el mundo y el pasado. Me viene a la mente la de Neruda, con recuerdos de viaje, estatuillas, fotos de seres queridos…

Noticias: El baño suele tener una bacha preciosa y ningún lugar para apoyar el secador de pelo ni los cosméticos. ¿los arquitectos diseñan para la gente o para Casa FOA?

Livingston: Esos son arquitectos minimalistas, yo hago grandes mesadas. En 1950 bastaba un espejo y un estante para gomina y peine. Hoy, con el consumismo, la mujer promedio tiene 50 productos, y el hombre usa aftershave, preshave, intermedio shave, crema para contorno de ojos, pack anti-age… (risas). Hay otro tema: piden baños divididos, se supone que mientras uno se peina el otro se baña. Entonces agarran un baño de 2,20 por 1,50 y lo dividen; queda un cubículo, una alacena. Yo prefiero un baño grande, bien distribuido. Dos clientes exóticos me pidieron el baño con dos inodoros (ríe). Otro tic se refiere a las mucamas, un ser básico cuando los dos trabajan…

Noticias: Lo escucho.

Livingston: La mucama tiene un cuarto cuya ducha cae exactamente sobre el inodoro: el argentino supone que a las mucamas les encanta bañarse paradas en los inodoros. O piensan ubicarla en el garage, haciendo un entrepiso, “total es sólo para dormir, ¿viste, querida, que cabe?”. Hay un solo problema, les digo: no está muertita. Este ejemplo ilustra el tema de la habitabilidad.

La experiencia de adaptar casas le sirvió para diseñar casas nuevas inteligentes. Primero escucha las quejas y deseos del cliente: “Yo inventé un aparato virtual para juzgar: “el sufridómetro” y “el felisómetro”. El máximo sufrimiento es tener goteras sobre la cama, y el segundo es pasar por el cuarto de otro para ir al baño. En las crisis la gente improvisa salidas, como irse a vivir en el terreno de la mamá o anexar un sector y poner un negocito, son las evoluciones de los hábitats”.

Noticias: ¿Algún otro tic que vea con frecuencia?

Livingston: Todos piden “mucho sol, mucha luz” y nadie se asoma a las ventanas, a ninguna hora. No pasa en el Caribe, en Nápoles. Hay una nueva ventana en las casas: el televisor. Ahora nos invaden los home theater. Me piden chimenea y home theater: son incompatibles, la chimenea tiene que ser como un altar, y quieren que el centro sea un plasma de 1,20 metro, que cuesta como un auto.

Noticias: La arquitectura se pensaba como algo estático y hoy se conciben espacios más flexibles, adaptables a futuros usos.

Livingston: Es que la casa es el traje de la familia. Debe pensarse como un proceso de crecimiento y achicamiento, ya que la familia es un proceso. Yo les pregunto: ¿hay hijos flotantes, de matrimonios anteriores? ¿O abuelos que se van a vivir con ustedes? Son evoluciones profundamente enraizadas con la historia del país. Si la mesa es incómoda, deben pasar por el cuarto de otro para ir al baño o no hay lugar para la heladera, la casa no es adecuada para las ceremonias de la vida.

Noticias: ¿Las revistas de decoración son útiles o crean expectativas irreales?

Livingston: Tienen cosas útiles, balcones, colores, terminaciones, lo que no hay es la visión integral. Por ahí en la mesa de luz hay un helecho, ¿quién pone un helecho ahí? (ríe).

Noticias: ¿Los arquitectos suelen ser pequeños dictadores?

Livingston: Es que en las facultades no entra un cliente jamás, nunca hicieron una reforma. Cuando aparece el cliente es muy común que el arquitecto joven lo viva como una perturbación, un obstáculo entre él y su creación.

Sabe de qué habla, Livingston: en 1961 era profesor en El Chaco, pero nunca había estado en una obra. Le ofrecieron dirigir una en Cuba y allí fue, con una valijita. “Aterricé, aparecieron unas chicas con guitarras y ametralladoras y quedé enamorado.Trabajé dos años erradicando una villa miseria en Baracoa, llena de negros que no querían hacer lo que yo quería. Intuitivamente empecé a preguntarles cómo lo harían. Eran 120 familias y tuve que aprender a escucharlos”.

Un principio que modificó su relación con el cliente e inauguró un sistema de trabajo. Viajó 32 veces a la isla, dictó seminarios y formó “arquitectos de familia”: atendían y cobraban poco, como un hospital. “El sistema se implantó en todas las provincias y en el ’94 surgió el plan Arquitectos de la Comunidad, un sistema participativo de pensar la vivienda. En Cuba se vive muchísimo la calle, las casas nuevas son chiquitas pero la gente está en la vereda, hay un cumpleaños y los vecinos llevan cosas. Unieron la política con la solidaridad, dos palabras casi opuestas. Me gusta también el realismo mágico de Cuba, de todo el Caribe.”

En uno de sus diez libros, “Cirugía de casas”, Rodolfo refiere sus experiencias en remodelaciones. Comienza por preguntarle al cliente cómo la haría él, a partir de escenas de la vida. “Cuando él dice un disparate, la mujer lo mira y corrige: “No, nosotros no somos así”. Los enfrento con ellos mismos. Un juez, un policía, un psicólogo y un arquitecto tienen en común que operan sobre las relaciones de familia”.

Noticias: ¿Algunos le piden “una casa como la de mi infancia”?

Livingston: Sí. Yo les muestro revistas (saca un ejemplar de “Caras” con Menem en Olivos) y si me dicen “quiero eso”, se equivocaron de arquitecto. O a este otro, abajo del ciervo… O la casa para mostrar (señala la de Amalita Fortabat), te das cuenta de que la señora jamás se reúne ahí con nadie. En cambio, si dice: “Ésta es la cocina que quiero” (muestra la del Gato Dumas), ahí vamos. Los objetos no son sólo decoración, son depositarios de afectos.

Noticias: ¿Le hace caso al Feng Shui?

Livingston: Me parece interesante, no soy fanático, pero hay algo de cierto. Mi mujer, que hace construcciones, lo aplica. Las formas en punta en algunas habitaciones, por ejemplo, no son propicias.

Noticias: ¿Un lugar donde usted no podría vivir?

Livingston: Me adapto bastante. No podría vivir donde el vecino escuche la carrera o el partido a fondo, me molesta mucho el ruido.

Noticias: ¿Qué pondría en su epitafio?

Livingston: Mi mujer anterior dijo algo muy lindo: “Si yo escribiera tu epitafio pondría: amó de verdad a las mujeres”. ¿Qué pondría yo?: “Dicen que aquí yazgo. No lo crean”.

Por: Liliana Morelli – Revista Noticias

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2 thoughts on ““La casa es el traje de la familia” (Entrevista a Rodolfo Livingston – arquitecto)

  1. Guty abril 14, 2009 / 9:10 pm

    Me gustaría poder vestir mi familia con ropa de marca cara y no tanta feria persa.

    • federicodomingo abril 14, 2009 / 9:42 pm

      Guty:
      No siempre lo más caro es lo mejor: lo importante es que lo adquirido o construido contribuya a resolver las necesidades propias y/o familiares. Y esto me parece que vale o es aplicable tanto para la ropa como para la arquitectura. Asimismo también para muchos otros órdenes de la vida.

      Sin embargo, creo que es cierto que la mayoría de nosotros buscamos generalmente -en primera instancia- lo más costoso, y cuando nos damos cuenta de que no nos ‘da el cuero’, nos contentamos diciendo para nuestros adentros: “en realidad no va con mi estilo”, estoy “buscando algo más simple”, o “hay más probabilidades de que me lo roben”… en fin… ¡Qué difícil es saber lo que uno realmente necesita, con tanto publicidad que nos incita al consumismo! ¡Y qué lindo es poder comprar… lo más caro! jaja

      Un abrazo,
      F.A.D.

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