La nostalgia

Fragmentos del libro “Lo importante es perder” de Manuel Pérez Subirana (Anagrama, 2003):

 

“Muy pronto, con seis o siete años, empecé a intuir que algo raro y sospechoso ocurría con el tiempo pasado. Me extrañaba que siempre los momentos recordados me parecieran mucho más felices que los instantes presentes…”

… “De este modo empecé a admitir la posibilidad de que la felicidad que desprendían los momentos pretéritos no hubiera existido jamás en la realidad. Es decir, la mayor estima que yo sentía hacia las vivencias pasadas tal vez no se derivaba de que, objetivamente, aquéllas hubieran sido mejores que las que podía estar viviendo en el momento en que las recordaba, sino de algo que se había añadido a ellas posteriormente, una vez abandonado el núcleo del presente. Como una mano oculta que redecora el escenario cuando la función ha terminado y los actores se han ido del teatro. ¿Era esto posible? ¿Era posible que, una vez abandonado el presente, los momentos entraran en un proceso de embellecimiento y se me mostraran después engalanados por una luz y unos encantos de los que carecían cuando yo los había vivido?”

…”El paso del tiempo no admite interferencias ni tutelas en su misión de elegir y cristalizar las vivencias que posteriormente serán evocadas. No nos está permitido decidir qué momentos pasarán a formar parte de nuestro pasado y cuáles ocultarán su rastro, como si no hubieran existido. El mosaico de la historia memorable de cada uno queda siempre al margen de la voluntad personal”.

¿Por qué sentir nostalgia de algo que jamás existió tal y como lo recordamos? ¿Por qué querer regresar a un tiempo del que sólo poseemos una imagen falsa, irreal? ¿Por qué seguir anclado a un pasado que en verdad no nos pertenece?
“Pero los años pasan, uno crece, se convierte en adulto, y a medida que va engrosándose el volumen de lo vivido, en la misma proporción se reduce el espacio que habíamos otorgado al porvenir”.

“Para experimentar el presente, el hombre cuenta con un número limitado de sensaciones nacidas todas ellas bajo el signo de la urgencia. El espectador de una película o de un documental tiene al alcance de sus sentidos un universo mucho más vasto y complejo que el protagonista, pues éste, involucrado de un modo excesivo, casi pornográfico, en la acción, no puede atender lo que le rodea, no puede verse a sí mismo avanzando a través de la historia. Lo mismo ocurre con nuestras vivencias. Así como cuando se atraviesa un puente delgado e inestable, nuestro ojo, despreciando el paisaje, busca el lugar exacto en el que habremos de poner el pie para no caer al precipicio, del mismo modo, cuando avanzamos por el presente, nuestra percepción queda limitada al nexo sensorial que enlaza el instante en el que nos encontramos con el inmediatamente siguiente”.

… “cada vez estaba más convencido de que el tiempo poseía una mano invisible encargada de maquillar las experiencias cuando éstas habían traspasado las fronteras del presente, sin embargo no conseguía demostrar la existencia de aquel proceso secreto”…

… “pero es al contemplarla desde la distancia cuando la realidad nos ofrece todos sus flancos, es desde el pasado desde donde la realidad abre todas sus puertas a nuestros sentidos, y sólo entonces podemos descubrir la importancia que una determinada vivencia tuvo para nosotros. Porque sólo podemos captar todo el universo de sensaciones que permitía una determinada situación cuando el protagonista de esa situación se convierte, con el paso del tiempo, en alguien distinto del yo presente que recuerda”.

… “Pensaba ahora en todo esto mientras avanzaba por una sinuosa carretera en dirección a Sant Honorat. Estaba dispuesto a recuperar el pasado, quería reencontrarme con el niño que había habitado aquel lugar años atrás, y tenía la impresión de que, si lo conseguía, si lograba hacer renacer en mí algo de la felicidad que aquel lugar me había proporcionado en la niñez, podría enfrentarme al futuro con fuerzas renovadas. La persona que hasta hacía pocos días yo creía ser había empezado a dejar de existir, y la idea de enfrentarme al futuro sin la coraza que hasta entonces me había brindado mi personaje me provocaba un vértigo aterrador. Pero ahí estaba el pasado para recordarme que no todo estaba perdido, que no todo había sido engullido por la avasalladora fuerza del vacío, que quedaba todavía algo en mí, algo incorruptible y vigoroso, algo lleno de vida que, si bien había permanecido dormido durante todos aquellos años, despertaría ahora para acogerme en sus brazos y librarme de la caída”.

 

nostalgia

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One thought on “La nostalgia

  1. Judith marzo 5, 2009 / 2:07 pm

    He leido cuidadosamente el fragmento expuesto, y me he sentido identificada en muchas de sus líneas. Ciertamente, vivir anclado en el pasado podría, en algunos casos, entorpecer u obstruir nuestro camino en la vida. Sin embargo, considero que el pasado debería ser interpretado como un maestro, como un libro de consultas o un album de recuerdos del cual siempre que necesitemos ayuda podamos acudir a él a fin de poner orden a nuestras tribulaciones; es decir, usarlo en beneficio nuestro y no perjudicando nuestra existencia…en fin…un tema muy amplio…e interesante para debatir…

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