Allá por 1982, un 3 de marzo…

Con el título no estoy haciendo alusión a la fecha de un combate muy importante que definió el futuro de un determinado país. Tampoco hago referencia al día en que salió a la venta alguna obra de arte trascendental para el devenir del ya pasado siglo XX.

Si en cambio, aludo a un día significativo para mi -y creo también- para quienes me aprecian (que si son al menos quince me conformo, jaja).

Ese día nací, en la Ciudad de Buenos Aires, un mes y un día antes que se inicie la guerra de Malvinas. Y en plena dictadura militar argentina: lindo momento para ingresar a este mundo.

Afortunadamente no era en ese momento consciente de lo que se estaba viviendo en el país. Ya vendría luego Alfonsín, y después Menem o Mendez, como algunos prefieren llamarlo, pero en ese momento ya vivía en La Rioja.

Tuve una infancia que recuerdo muy bella. Tal vez lo que menos disfrutaba eran las clases de Matemática, materia que padecí luego en el secundario, pero que afortunadamente nunca me llevé gracias a un muy buen profesor particular. Y gracias a la ayuda de mi papá, que es Economista y que de números entiende.

Viví desde chico la mística del carnaval (Chaya riojana), con su música tan propia y reconocible y con las famosas “bombitas” de agua gracias a las cuales combatíamos el calor de aquellas siestas interminables.

Era costumbre salir a “hondear” -con las conocidas “gomeras”-. Pero yo nunca le encontré mucho sentido ni pude acertarle a un pajarito.

 Los amigos del barrio a veces me perseguían con los “comepiojos”, insecto al que vaya saber por qué razón le tenía terror: http://es.wikipedia.org/wiki/Mantis_religiosa

Recuerdo jugábamos con los bichos bolita en la tierra y le construíamos caminos que delimitaban por dónde debían transitar, como si fueran ratas de laboratorio.

Disfruté jugando al fútbol en mi patio, bajo la parra, de la cual mis padres extraían las uvas que luego congelaban y comíamos bien frías. Nunca volví a ver algo así e ignoro de donde sacaron esa extraña idea.

Le hacíamos frente al calor con la famosa “Pelopincho”, pileta de lona armada que por momentos parecía pública, porque venían también los chicos del barrio.

Como a mi papá le gustaba mucho la carpintería, por momentos jugaba también con ello, aunque de grande nunca más me interesó ese “arte”.

Me impactaban las series “Manimal”, “Mc Gyver” y “Cuando pinta el amor” (romántica y un poco subida de tono; poco y nada me dejaban verla), entre otros. Entre los dibujitos más significativos recuerdo Mazzinger Z, Thundercats, Robotech, y tantos otros.

Mis hermanas, en cambio, de niñas y adolescentes veían las novelas “Topacio”, “La Extraña Dama” y tantas otras que ya ni recuerdo.

Y a nivel musical, me acuerdo del grupo chileno “Los Prisioneros”, además de los éxitos de Alejandro Lerner, Soda Stereo, Charly García y Fito Páez, a quienes mis dos hermanas en esa época escuchaban.

Una de mis “frustraciones”, en esa época, fue que no me dejaron ir a ver a la película de Jean Claude Van Damme “El Gran Dragón Blanco”, por el nivel de violencia que contenía. Pero enseguida se me pasó el enojo.

Todavía no había alcanzado los diez años.

Jugaba al fútbol en la calle, al famoso 25. También pasaba mucho tiempo con los Playmóviles y el barco pirata, al igual que el andar en bicicleta era una de mis actividades preferidas (bicicross heredada de mi hermana).

En los ’90 llegó el Mundial de Italia. Tenía el álbum de figuritas que en ese momento se vendía, y el jugador que más admiraba en el mismo era un yugoslavo llamado Robert Prosinečki, tal vez porque era rubio y en ese momento yo también lo era. ¿Dónde habrá quedado aquel bonito niño, ahora todo peludo, con la nariz torcida por un pelotazo recibido basquet y con un abdómen cada vez más prominente?

Era fanático de Boca Juniors y viví intensamente los años gloriosos de Diego Latorre, Gabriel Batistuta, Walter Pico, Javier Villareal (“Villita”) y otros más… que nunca, nunca -excepto el goleador Batistuta- volvieron a lograr un rendimiento similar. Y menos a conformar un equipo con la capacidad de ataque de aquel.

Pero el fútbol ya no sería tan importante para mi y dejaría su lugar al básquetbol. Vivía en el club practicando ese hermoso deporte. Era “cebollita”, como se denomina a los pequeños que practican básquet. Y en el patio de mi casa contaba con un aro un tanto defectuoso que me permitía estar horas y horas practicando. ¡Maldita Santa Rita! Me pinchaba todas las pelotas de minibásquet por lo cual mi papá debía comprar un líquido blanco que las “parchaba”, es decir, tapaba los agujeros e impedía que se escapara el aire, tan importante para que un balón cobre vida.

Conocería el mundo de la NBA (básquetbol estadounidense) allá por el año 91, cuando Michael Jordan empezaba a ser Michael Jordan, ese jugador de otro planeta que sería admirado mundialmente.

Como lo expresa un PowerPoint que circula masivamente, formo parte de la Generación X, la última generación que aprendió a jugar en la calle y en los recreos del colegio a las bolitas, y otras cosas más y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a video juegos, hemos ido a parques de diversiones o visto dibujos animados en color.

A los doce años recién tomé contacto con el mundo de las computadoras. Aunque uno o dos años antes previamente me había enseñado a jugar mi papá al Ajedrez con ese aparato que luego revolucionaría el mundo. Recuerdo Windows 3.1 y el conocido en su momento “Harvard Graphics” que si mal no recuerdo sería al equivalente de PowerPoint de hoy.

Las Pcs. no tenían lectora de Cd y el sonido dejaba bastante que desear. Luego vendría el boom de la multimedia (con los famosos “kits” que combinaban tarjeta de sonido + lectora de Cds), y varios años después llegaría la revolución de Internet, gracias a la cual estoy escribiendo estas pelotudeces, y ustedes como boludos sin otra cosa que hacer están leyendo.

Recuerdo ahora los juegos de PC Maniac Mansion, Titus, Monkey Islands y uno de fútbol que se llamada Striker. Después conocería la empresa española “Dinamic Multimedia” con sus conocidos “PC Fútbol” y “PC Básquet”. Años más tarde tomaría contacto con los productos de la empresa EA Sports, todavía vigentes, con sus juegos de básquetbol (NBA Live) y Fútbol (FIFA).

Los rollers todavía no eran conocidos y los Shoppings comenzaban a multiplicarse. Aunque en La Rioja, nunca se instaló ninguno que pueda realmente considerarse como tal.

En ese momento ya era un preadolescente -y si bien nunca fui muy sociable- recuerdo dos fiestas que se realizaron en mi casa, cuando tenía doce años. En una de ellas, pusimos plata entre varios y mis compañeros, más capaces que yo, armaron una luces caseras. Se escuchaba en esa fiesta “El Tractor Amarillo”, “La Cabra”, y la canción bolichera cuyo nombre no recuerdo que decía: “My friend, Lucky Lucke is cowboy”. También el entonces conocido cantante “Cae” disfrutaría del éxito con su famosa canción “Te recuerdo”, que sonaba todo el tiempo.

Hubo por allí un intento de mi parte de aprender a bailar el Rap, pero la cosa no prosperó: solo logré sacar el paso básico, mientras mis amigos virtuosos disfrutaban de los aplausos de sus padres cuando presentaban su “show” de baile.

No hablaré aquí del contexto político y social porque era chico y poco entendía de esas cosas. Y muchas de esas cosas, sigo sin entenderlas, aunque ya esté bastante crecidito (mi papá usaría otra expresión, pero es muy poco delicada y mejor me la guardo).

Como sostiene el PowerPoint ya mencionado, fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en casettes y los pioneros del walkman y del chat.

No había celulares. No tuvimos Playstations, 99 canales de televisión, pantallas planas, sonido surround, mp3s, iPods, computadores e Internet, pero la pasábamos de lo lindo…

Para terminar, me acabo de dar cuenta gracias a Google de que justo el día en que nací, en España nacía la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), hace exactamente 27 años. Y vaya casualidad, siempre me ha gustado el basket, aunque eso ya lo dije y esto ya se hizo muy largo. Y si todavía queda mucho por vivir… ¿por qué seguir mirando al pasado? Hasta la próxima!

 

 

italia-901

 

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3 thoughts on “Allá por 1982, un 3 de marzo…

  1. Halle marzo 3, 2009 / 10:21 pm

    Tengo 6 años menos que vos, pero todo, todo lo que contas, yo lo viví tal cual. Que tengas un muy feliz cumpleaños. Un abrazo.

  2. Majo marzo 5, 2009 / 1:46 am

    La verdad que no solo trajiste a este presente recuerdos tan lindos,que no llenan de alegria, si no que me hiciste disfrutar de saber un poco mas de tu vida. ¡¡¡ FELIZ CUMPLE!!! espero que que tu vida siga siendo tan feliz como tu infancia.

    • federicodomingo marzo 5, 2009 / 5:52 am

      Ramón Navarro compuso una letra (que inserté una vez en el blog) que dice:

      “y tu pueblo…
      ese lugar del que nunca partimos enteramente
      porque es imposible alejar el alma
      de esa mágica región, donde aprendimos
      a querer la vida,
      donde vivió nuestra infancia”.

      Después de esas hermosas palabras del comprovinciano Ramón, tan simples y contundentes, uno poco puede aportar. Casi nada queda por decir. De todos modos, algo diré:

      De vez en cuando vuelvo al barrio de mi niñez. Pero todo ha cambiado: el paso del tiempo es inexorable. Así es la vida.

      Nos quedarán siempre esos recuerdos lindos. Aunque si bien nunca sabremos si lo que recordamos es realmente lo que hemos vivido, a mi particularmente me dejan una mezcla de sensaciones extrañas, difíciles de expresar con palabras.

      En el libro “Lo importante es perder” (Anagrama, 2003) Manuel Pérez Subirana, en uno de sus relatos lanza una pregunta retórica:

      “¿Por qué sentir nostalgia de algo que jamás existió tal y como lo recordamos? ¿Por qué querer regresar a un tiempo del que sólo poseemos una imagen falsa, irreal? ¿Por qué seguir anclado a un pasado que en verdad no nos pertenece?”.

      A pesar de la nostalgia que seguramente a todos cada cierto tiempo nos invade, nos queda la posibilidad -y en cierto sentido la obligación- de seguir mirando hacia adelante, de continuar construyendo eso que nunca termina de construirse, porque en definitiva eso es el deseo: aquello que nos mantiene vivos, esos proyectos que siempre se renuevan, esa motivación que nos impulsa a crecer cada día como personas, enriqueciendo de ese modo a nuestros seres queridos, como así también a todo nuestro entorno.

      Tal vez me fui un poco de tema. Lo único que quería hacer era agradecerte por los comentarios y por haberme deseado feliz cumpleaños.

      Ahora que conocés la dirección del blog podrás visitarme cuando quieras.

      Por si te interesa, podrás escuchar la canción“Mi pueblo azul” en el siguiente video de YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=cIp3ZdAyN2A

      Hasta pronto y gracias.

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