Indéxeme la sesión

Por César Hazaki * publicado en Página 12 el 16-10-08

Otra crisis económica. La percibí cuando un paciente me dijo que salió a tiempo de los bonos basura y se pasó al dólar. Mientras se acomodaba en el diván, se atrevió a mirarme fijo y afirmó:

–Usted seguro que la vio venir y está cómodo en el dólar desde hace más de una semana.

Puesto a idealizar, siguió:

–Tal vez para usted no es imperioso vivir en la cornisa de la calesita financiera y eso lo hace ser más conservador con su portfolio. Igualmente escuche mis sabios consejos. ¡Tiene que hacerse de una reserva para cuando se jubile! Pero, mi apreciado analista, vamos a tener que cambiar este horario del mediodía. Se viene una temporada alta en la city, se acabaron esas sesiones de bajón porque no pasaba nada.

Iba a articular unas palabras acerca de la rivalidad edípica, pero el hombre arremetió con tanto ímpetu que no pude.

–Mi mujer ya había reservado en Las Leñas con los nietos y la paré en seco: Negra, nada de vacaciones, al frente de batalla me tengo ir. ¡Se trata del verde y sus vaivenes!

Lo dice mientras se acaricia sin cesar el abdomen. Me pregunto si registrará que se hace sana-sana en la cicatriz de la úlcera perforada que la crisis hiperinflacionaria de los noventa le produjo. Me saca de mis cavilaciones su relato acelerado:

–Los próximos seis meses vamos a bailar de lo lindo. Ayer no sabe la cantidad de caras nuevas o viejas, según se mire, que desfilaron por la Bolsa de Comercio. La rueda estaba al rojo vivo. Le voy a dar un dato de esos que a usted le gustan: estaba gozoso. Hacía mucho tiempo que no sentía que me los había cogido tan, pero tan bien. Es que en veinte días me pasé de los bonos de la deuda externa a dos empresas que agarré bien abajo, un segundo antes de la suba y el viernes realicé todo y me zambullí en el querido y entrañable verde. ¡Ahhh, olímpico!, se lo aseguro. Un día me anticipé, se da cuenta, les saqué una vuelta a los capos. La sensación de habérmelos masticado es maravillosa. Si el paraguas financiero se cae van a volver las frases argentinas: “El que apuesta al dólar pierde”, “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”, alguna variación de “Un peso, un dólar”. Este país es tan, tan pero tan… –se detiene como deleitándose en encontrar la palabra precisa– nuestro. El riesgo país para mí es olor a victoria. Estaba podrido de vender boletos de avión que no salen nunca y de las quejas de los pasajeros. Se acabó la lucha por centavitos de dólar. Basta de vender un tour a Transilvania para visitar el castillo de Drácula, de alquilar camellos en Marruecos para viejos putos que andan a la caza de jóvenes beduinos. En este tute vamos a más.

–La macana –continuó sacándome de mis pensamientos– es que volverán los diarios a fijarse en nosotros… daños colaterales de este negocio. Hoy saqué cinco tipos de la oficina para que hagan de arbolitos. Si compramos muchos dólares con una diferencia de un diego, en el día hacemos una acumulación de un ocho por ciento en moneda dura. Una montaña de verdes que van bien fajaditos a la cuenta en las Caimán de papito. Mire lo entusiasmado que estoy: no voy al country. Sábado de selección de personal, necesito quince arbolitos más en cuatro días. Va a darse una puja territorial con los otros cambistas por las buenas esquinas como Corrientes y Florida o Lavalle y Carlos Pellegrini. Yo ya tengo todo arreglado con el comisario. Alguno saldrá culo para arriba y punto. Lo más divertido de este asunto es que ahora los que me compren a mi serán, como siempre, los giles que llegan tarde al festín. No hay que ir al verde cuando ya subió, es el abc. Se fue para arriba: esperar, tan simple y difícil como siempre. Acuérdese y no se maree si todo se va a la mierda. Mente abierta y culo bien cerrado.

Iba a recordarle los avatares de su último by-pass, pero no me dio tiempo.

–Hasta la Negra está contenta, porque le di para que tenga. Sexo y negocios. El país entra en el orden que es su fundamento. La piedra basal no es la Constitución.

Como hizo un descanso para sonarse la nariz, quedé en suspenso para conocer esa acta fundacional. Guardó meticulosamente el pañuelo y continuó:

–Las leyes de Murphy. Vuelven a cobrar vigencia. El chiquitaje se las toma en joda y por eso llega siempre tarde y con miedo. Y paga bien, de contado y en negro. Lo que se dice una joya de la abuela nuestra clase media. Siempre hay un grupo que se reacomoda y con eso alcanza y sobra para empezar. Y no le digo el picnic que se organiza con los que se caen. Los barcos y los departamentos de los nenes de mamá que no laburan y que se venden por dos mangos. Yo siempre entendí el verdadero sentido de la frase: “Estamos condenados al éxito”. Empecemos a indexar las sesiones y a partir del lunes le pago por día que vengo y no a mes vencido.

* Psicoanalista, del libro: El Psicoanalista Perdido. Editorial Topía

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