Primeras Jornadas de Identidad Riojana – Ateneo Estudios Históricos

Autor: Pedro Agost
Publicado en: http://www.lariojacultural.com.ar/Nota.asp?id=168

La Rioja, Mayo de 2008

Aquí estamos una vez más, intentando desentrañar los signos, las claves de nuestra identidad. Y una vez más pareciera que uno de los rasgos más profundos que nos caracteriza, es bregar entre luces y sombras, precisamente, en busca de esa identidad. Una comisión interdisciplinaria que se encargase de este tema debería contener, seguramente, además de los representantes de la historia, de la sociología y de las artes, un buen cuerpo de psicólogos que atendiera esta manía cartesiana, quizás heredada de los grandes polos urbanos de Argentina, que no por nada es reconocida en el mundo como la inventora de las huellas digitales, nada menos.
Identidad, identi-kit. (Hace unos días apareció una curiosa crónica policial que afirmaba que uno de los presos más peligrosos se habría fugado, en nuestra provincia, y que las autoridades policiales no difundían el identi-kit. Sí. El identi-kit. Esto me sorprendió ya que hace suponer que a los internos del penitenciario no se les toma ninguna fotografía –como esas que aparecen en las películas, de frente y perfil- ya sea porque dan por descontado que egresarán, una vez cumplida la condena, sin mácula alguna y totalmente rehabilitados, o porque en nuestra provincia la preservación de la identidad funciona mucho mejor en la cárcel que en el trasvasamiento generacional de nuestro patrimonio cultural.
Bregamos entre luces y sombras, decía, en busca de esos rasgos que nos identifiquen. Y podríamos graficar esas luces y esas sombras con dos extremos bien definidos que se le adjudican a nuestra idiosincrasia provinciana.
Por un lado existe la corriente exaltadora de nuestro perfil revolucionario. La que destaca nuestro pasado de caudillos, de luchas, de bravura guerrera. Lanzas y banderas agitadas al viento. Año a año se desgranan las efemérides en las que nos bebemos la sangre de Quiroga, del Chacho, de Varela. Nuestros historiadores trabajan incansablemente en recuperar los pasos de tantos nombres y así se fueron sumando Chumbita, Zalazar, y recientemente Aguilar, el cura de la montonera. Nombres, fechas, batallas, nuestra identidad se nutre con la vena más heroica del pasado histórico.
Sin embargo, existe también una tendencia que podríamos ubicar en el otro extremo de las fuentes en que abreva nuestra idiosincrasia versátil.
Es la que remarca nuestra imagen de rebaño manso que deja pasar la vida como si ésta fuera el borrador de alguna otra. Los abandonados de sí mismos, los que nacen, crecen y viven en nuestra tierra como si estuvieran de paso. Y mueren, efectivamente, de paso, exiliados brevemente en la vida, al decir de Cioran.
Esta tendencia que avala la desidia provinciana, si bien tiene distintas y profundas raíces, se ha visto fortalecida en los últimos años. Es que tanto una como otra tienen sus propios y fervientes promotores. ¿Quién no ha escuchado hablar de la inutilidad del empleado público? Teniendo en cuenta que en nuestra provincia un porcentaje que supera ampliamente la mitad de la población trabaja en dependencia del estado, quienes afirman esta sentencia nos dan un panorama absolutamente desalentador de nuestra identidad. Un hombre es, en gran parte, lo que produce, lo que trabaja. Por lo tanto si su trabajo es inútil, su propia existencia le significará un difícil problema a resolver. ¿Cuándo se fortaleció esta imagen negativa del empleado público? Basándome en mi corta experiencia y memoria, he establecido una teoría que espero les parezca lo suficientemente descabellada como para que no se me exija demasiada profundización en ella.
Esta teoría se basa en dos razones, la primera y la más valedera, es la que pertenece a mi profundo convencimiento de que me ha tocado siempre arribar a distintos lugares en sus momentos más difíciles. Por lo tanto, con mi ingreso a la administración pública en el inicio de los años noventa, se produce el advenimiento de la ley que congela la carrera administrativa, lo que me ha permitido mantenerme cómodamente en la categoría más baja de la provincia durante diecinueve años. Esta prueba de mi particular fortuna ya sería suficiente para avalar el hecho de que el desprestigio del empleo público recrudeció en los noventa. Sin embargo una segunda razón me anima a tal aseveración.
Antes de esa época yo era muy joven, incluso hasta llegué a ser niño. Y así fue que siendo niño me tocó acompañar a mi padre en distintas comisiones que él realizaba por el interior de la provincia, en su carácter de Jefe del departamento de electromedicina de Salud Pública, cuyas tareas consistían en arreglar desde tensiómetros hasta aparatos de rayos x en todos los hospitales de La Rioja. (Hasta llegó a crear el primer y único horno crematorio que por motivos culturales y religiosos, cayó rápidamente en desuso sin haber rostizado siquiera, cadáver alguno.) En aquellos tiempos muy poca gente se dedicaba a esos menesteres; tan es así que, precisamente, a mí me tocaba en muchas ocasiones ser su asistente en esos viajes. Recuerdo que cada vez que cruzábamos una garita en los distintos puestos camineros de la provincia, y ante la requisitoria del oficial de turno al indagar a mi padre sobre su profesión, el respondía simplemente: empleado. Así, a secas. Este detalle ínfimo, como suele ocurrir con tantos otros recuerdos de nuestra niñez, cobró relevancia meditando sobre esta teoría que intento desarrollar, al recordar que muchos años después, siendo yo mismo empleado y ante situaciones similares en distintos viajes que realizaba, ya sin la compañía de mi padre, mi respuesta ante la misma requisitoria oficial cuando se interesaba por mi profesión, variaba entre un: “poeta”, muy seco y cortante, escudriñando de reojo la reacción de mi interlocutor, y todo por haber participado en un librito de la colección cacique coronillas, junto a otros 20 compañeros. O bien solía responder: “actor”, levantando la cabeza sutilmente con el dedo en la nariz para ver si me reconocían por haber hecho de payaso en la plaza 25 de mayo unas tres veces.
Poeta, actor, escritor, dibujante, publicista, productor, estudiante, camarógrafo. Hasta llegué a responder: artista. Cualquier cosa, pero empleado, ¡Nunca!
¿Qué había pasado con el ego de la profesión del empleado público entre ambas generaciones?
Muchas cosas. En los noventa comencé como empleado y en los noventa comenzó la mayor campaña de desprestigio de las empresas públicas, la regulación del Estado y el empleado público que haya conocido toda la historia argentina.
Gasalla se disfrazaba de vieja administrativa, Tinelli les hacía bromitas a los jubilados y el presidente se deshacía de las ineficientes empresas del Estado, mientras nuestros diputados, como ya dije, nos congelaban para siempre la posibilidad de ascender en los empleos. Éramos inútiles, vivíamos a costa del país. Una lacra parasitaria indefinible que nos remordía la conciencia, hasta que de alguna manera, por no suicidarnos, dejamos de hablar de eso y aprendimos a transitar y a convivir con esa, nuestra propia historia.
La gran venta del país necesitaba, como todo producto, una muy buena campaña. Pero en este caso, de desprestigio.
Luces y sombras. Caudillos revolucionarios y empleados inútiles. La identidad se mece en esta cuna y desentraña la intensa multiplicidad de tonos intermedios. De nuestros tonos.
Quizás podríamos insuflar con el espíritu de los primeros a los segundos. Es decir, reavivar un poco de los genes libertarios de nuestros antepasados en las masas estatales. Algo parecido a aquel experimento esotérico que se le atribuye a López Rega, intentando imbuir el espíritu de Evita en Isabel. No sé. Algo. El empleado público de La Rioja, que es el ciudadano riojano por antonomasia, necesita recuperar su amor propio, elevar la moral, tener confianza en sí mismo, en su trabajo. Recuperar la conciencia de clase.
Si el blanco es la suma de todos los colores quizás podríamos remover esta paleta de identidades en busca de una identidad única, blanca y pura. ¿Es eso lo que queremos? ¿Es eso lo que buscamos cuando hablamos de nuestra identidad? La cultura es la suma de la experiencia humana, por lo tanto es inabarcable para una sola cultura. Cada cultura reflejará la inmensa carencia de todas las otras.
La búsqueda de esa “identidad que nos identifique”, es comparable a la del comprador compulsivo, que lejos de sentir felicidad por el producto adquirido, se sumerge en la angustia de anhelar todos aquellos otros productos que no ha podido comprar.
Cuando miro alrededor, cuando presiento que estamos más dispuestos a enrolarnos en campañas en defensa de los pingüinos empetrolados que a saludar a nuestros vecinos, por ejemplo, se me ocurre que la búsqueda de nuestra identidad es un proceso inútil que sólo nos identifica con la anomia, y sin embargo, persistiremos en esa búsqueda, aún solos, como aquel general francés que, diezmado en la batalla, abandona las trincheras con un solo grito: ¡De pie los muertos!
Pedro F. Agost
La Rioja, 23 de Mayo de 2008

Sitio web: La Rioja Cultural (Ateneo de Estudios Históricos de La Rioja)

Dirección web: http://www.lariojacultural.com.ar/index.asp

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Cuenta con las siguientes secciones (el 29 de agosto de 2008):

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El tiempo de Malena (Autor: César Hazaki)

Malena estudió mucho la manera de erguirse, convengamos que se la notaba un poco cansada de gatear y ser la única de la familia que no se desplazaba por el comedor, los dormitorios y pasillos sobre sus dos pies regordetes y descalzos. Un cierto cansancio la venía inundando en eso de probar el camino que seguían los cables con su inexorable y amenazante, según su madre, final en un enchufe. Necesitaba cosas nuevas, diferentes y cuando levantaba la vista hacia las alturas, los cables se transformaban en objetos de dimensiones considerables.

Su misión de investigar el mundo le hacía no entender a sus padres y hermana que pasan, sin detenerse, sobre una multiplicidad de estímulos de vivaces colores y diferentes texturas, los que se hallaban por ahora, lejos de su alcance. No puede dejar de llamarle la atención el uso de zapatillas y zapatos por parte de los bípedos de la casa, cuando ella se arregla con medias que son, además, muy gustosas para chupar ya negras luego del gateo.

Malena hace tiempo que observa con detenimiento la relación entre sus padres y unos pequeños aparatos: hay dos que parecen gobernar el televisor o el aparato musical, con los que los mayores son algo descuidados y por eso suelen caer en sus manos cuando la sientan sobre la mesa, son bastante sabrosos y en ellos reconoce con la lengua y el olfato que han pasado, cuándo no, por las manos de su hermana mayor. Pero el enigma mayor son otros dos que al emitir variados sonidos llevan a sus padres a dejarla de lado -para la concepción filosófica de Malena lo único a lo que ellos deben prestar atención- para ponérselos sobre la oreja y comenzar a hablar solos. Muchas veces parece parte de un ejercicio para entrenar las piernas, dado que dan vueltas alrededor de la mesa o van hasta el patio mientras hablaban con ese intrigante adminículo. Malena se sorprende más por la quietud en que caen sus padres o tíos cuando terminan la sesión aeróbica, dado que apoyan el objeto sobre la mesa y automáticamente quedaban en silencio y toman mate ¡Todo una intriga que merece ser develada! Por eso debe llegar hasta ellos, chuparlos, girarlos en todas las direcciones, olerlos y arrojarlos con fuerza al piso para conocer bien esos raros aparatitos.

Están los blancos que se dividen en enormes y manuables. Los gigantes nevados: la cocina y la heladera estaban permanentemente puestos en observación. Especialmente la puerta de la heladera que su hermana mayor abre para internarse en busca de yogures o aceitunas. Le impresiona sobre manera que el frío estuviese encerrado detrás de esa enorme puerta, de la misma manera que la intriga que el calor estuviese atrapado dentro del horno de la cocina. Malena no podía comprender que de esas dos cosas de color blanco surgieran temperaturas tan extremas. Evidentemente la magia gobernaba a ambos Sin duda había algo más peligroso en la cocina, dado que cuando se acercaba a la misma la madre dejaba todo lo que estaba haciendo para interponerse entre ambas. En los dos casos se trata de llegar hasta una manija, si Malena hubiese podido hacer una promesa o expresar un deseo sería algo así como: “Mi mamadera de la noche por una manija de heladera” o “Mi helado de chocolate del domingo por llegar a abrir el horno de la cocina”. De los Blancos manuables, el inodoro y el bidet, nada que decir dado que con ellos había resuelto todas sus intrigas.

Se comprenderá que la actitud científica de Malena es investigar con boca, manos y nariz las texturas y olores del mundo circundante, también que no hay forma de detener este erguirse que, desde el fondo de los tiempos, la humanidad le había exigido a cada uno de los integrantes de la especie.

A Malena le resultaba evidente que yendo por el piso había una larga serie de bibliotecas, adornos de cerámicas y cacerolas que estaban lejos de su alcance. Por eso estudió varios días el cómo tomarse de una mesa de luz con ambas manos para así ayudar al envión de sus regordetas sus piernas en eso de ascender hacia las alturas, había desechado tomarse de los barrotes de la cuna dado que le parecía una prueba demasiado sencilla para lo que consideraba sus aptitudes (hay que entender que el tener una despierta hermana mayor obliga a rápidos records olímpicos). Lo cierto es que fue a media mañana de un lunes, casi como parte de la semana laboral, que decidió hacer cumbre. Una vez lograda la cima tuvo dos sensaciones intensas: la primera la cantidad de asombrosos objetos que la mesita tenía, la segunda el vértigo que las alturas producían. Fue tanta y tan fuerte la emoción que no puedo sostenerse, por eso fue cayendo en picada sobre su brazo derecho. Un llanto cargado de desconsuelo fue la culminación de la experiencia.

El padre era el acompañante de la aventura, como estaba habituado por sus crónicas periodísticas del basketball anotó en la estadística de la vida de Malena el día del crucial evento. Al hacerlo se dio cuenta que era el primer día de otoño.

Al anotar en la bitácora del crecimiento de la niña, el papá hizo una de las tantas y particulares divisorias del tiempo que han ocupado desde siempre a la humanidad, en éste caso se trató de establecer los ritmos y pausas del crecimiento de Malena. Por su parte, a partir de ese momento, la criatura agrandó la agenda de actividades de lo que comenzó a ser su día científico – laboral, muy lejos quedaba ya la pobre época de mamadas de tetas y dormidas. Estaba despierta mucho tiempo y necesitaba hacer algo valioso con sus horas. Ella escuchaba su cuento preferido (nadie sabía bien quién se lo había contado por primera vez, pero había consenso que era el que quería escuchar a la hora de dormir) sobre el asombro que le producía a los emperadores chinos “la máquina que toca”. Si tan importantes señores habían sido capaces de hacer la guerra para conseguir un carillón que marcara el paso del tiempo con campanas gozosas, Malena no podía desoír el reclamo de su curiosidad, era necesario ponerse de pie, echarse andar y a cada hora dar informes sobre las cosas descubiertas. Si el reloj había sido la primera máquina de precisión, el empleo del tiempo por parte de Malena tenía otras exactitudes no menos deslumbrantes: la ciencia de los descubrimientos la obligaba a llevarse a la boca, por lo menos, cinco objetos de distinta textura, color y sabor por hora. También a recorrer la sala en dos gateadas cortas, imprescindibles todavía en las zonas de llanura, donde no había nada de qué sujetarse, más una serie de pasos tomada de la biblioteca y el consiguiente pasaje hacia la mesita del televisor, una pasadizo sin duda peligroso donde solía ganarse algún que otro chichón. Ese tiempo Malena lo medía en términos de descuido materno, por eso podía dirigir su endeble andar hacia la preciada e intrigante cocina, contando con el auxilio del sillón amarillo y el televisor para apoyarse y desplazarse. Cuando faltaba poco para llegar a ansiada tapa negra del horno, la mamá se hacía presente (¡una vez más!) para impedirlo. La tozuda deambuladora, para doblegar a su custodia, raudamente cambia de dirección hacia la heladera pero los enérgicos brazos filiales la llevan hacia la habitación para que todo recomience.

Ella expondrá a viva voz su desacuerdo ante tal atropello a los derechos humanos y enfilará hacia la puerta dispuesta, nuevamente, a buscar sus máquinas de sonar asombros.

La lupa sobre el trabajo que no alcanza para nada

Texto completo en: http://www.quilmespresente.com/notas.aspx?idn=132195&ffo=20080828

Robert Castel hizo especial hincapié en que las actuales transformaciones en el mundo del trabajo y el debilitamiento de las protecciones sociales que se basaban en él se enmarcan en “un pasaje desde el capitalismo industrial y sus formas de regulación a un nuevo capitalismo, esta vez financiero y globalizado, caracterizado por la precarización del trabajo y la paralela fragilización de las protecciones sociales y un crecimiento del número de personas que quedan afuera de esos sistemas fuertes de protección social”.

Según el especialista, paralelamente se produjo un proceso de decolectivización y reindividualización del mundo del trabajo, que rompe con el sistema de solidaridad entre profesionales, quienes pasan a competir unos con otros. En este marco, los soportes colectivos se desmoronan y la sociedad se transforma, cada vez más, en una sociedad de individuos. Y se produce una paradoja, según la cual, la situación de precariedad laboral, en muchos casos, se hace permanente. De allí que el especialista pusiera el acento en la necesidad de dar nuevas respuestas a los sectores que quedaron desprotegidos, superadoras de la asistencia mínima que se instrumenta actualmente en muchos países y que contemplen la situación de los trabajadores precarizados cuando no están empleados.

¿Qué es la mente?

Artículo completo en: http://pacotraver.wordpress.com/2008/08/16/%C2%BFque-es-la-mente/

… el problema mente-cuerpo es sólo un problema teórico que planteado en abstracto parece insoluble y da lugar a teorías, experimentos y discursos, como este post que siguen siendo -no obstante- abstracciones, en realidad mente y cuerpo o mente y cerebro no representan ningún problema real en la vida sensible de los humanos que seguimos llorando por aquello que nos hace llorar y emocionándonos por aquello que nos hace emocionarnos con independencia de problemas mente-cerebro.

De manera que siguiendo el principio antrópico de Hawking, podriamos responder a la pregunta que titula este post de la manera siguiente: la mente es aquello que es necesario para preguntarse qué es la mente.

No se trata de una broma sino de la esencia de la cuestión: si podemos preguntarnos acerca de qué cosa es una mente es porque disponemos de una mente que puede plantearse ese tipo de preguntas. O dicho de otra manera no lograremos nunca saber qué es la mente desde fuera de la experiencia humana.

El 35% de jóvenes pobres cree que dentro de 5 años estará “muerto”

Publicado en: http://www.quilmespresente.com/notas.aspx?idn=131499&ffo=20080825

Lo revela encuesta con adolescentes del Conurbano que no estudian ni trabajan

El 35% de los adolescentes y jóvenes de entre 15 y 20 años que vive en el Conurbano y no estudia ni trabaja cree que dentro de cinco años va a estar “muerto”. El escalofriante dato surge de una encuesta encargada por el ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo y encendió una luz de alarma en el gobierno provincial.

El primer paso que dio la administración de Daniel Scioli para tratar de revertir este oscuro panorama fue la puesta en marcha de un programa para tratar de “rescatar” a ese grupo social “en riesgo”, brindándoles herramientas que faciliten su acceso a la educación, la salud y el trabajo. Pero el pesimismo con el que los jóvenes ven el futuro torna más que dificultoso lograr que dejen de sentirse excluidos.

La encuesta fue elaborada a fines del año pasado por la cátedra Unesco a pedido de Arroyo y dividió a los adolescentes y jóvenes en cuatro grupos: los que “sólo estudian”; los que “estudian y trabajan”; los que “sólo trabajan”; y los que “no trabajan ni estudian”.

Según el relevamiento, el grupo de los que “sólo estudian” está conformado por jóvenes pertenecientes a unidades familiares de los sectores medios típicos; mientras que el de los que “estudian y trabajan” comparten ciertos rasgos con los anteriores, pero tanto ellos como sus familias “se encuentran con cierta precariedad e inestabilidad económica y laboral”, lo cual los hace “vulnerables”.

El informe destaca que en el grupo de jóvenes que “sólo trabajan” conviven dos realidades distintas. Por un lado, están los que trabajan y han abandonado los estudios formales y, por otro, están quienes han finalizado la educación media y no siguen estudios superiores. Los primeros pertenecen a sectores precarizados con diversos niveles de vulnerabilidad. Los otros, en cambio, están más cerca de pertenecer a los sectores medios.

El grupo de riesgo, en tanto, es el compuesto por jóvenes que “ni trabajan ni estudian”. Por sus atributos familiares y socioeconómicos podría decirse que se trata de jóvenes que viven “diversos niveles de exclusión”.

FUTURO INCIERTO

Al ser consultados sobre las “expectativas sobre el futuro”, el 35% de los adolescentes y jóvenes de 15 a 20 años que no estudian ni trabajan respondió que “dentro de cinco años” va a estar “muerto o excluido”. Otro 30% dijo que se ve “con trabajo precario” y el restante 35% aseguró que podrá cumplir con su vocación.

El ministro Arroyo explicó a EL DIA que “lo más preocupante es que esa visión negativa del futuro no es abstracta, sino que la tienen basándose en hechos concretos ocurridos a su alrededor, como la muerte de un familiar, amigo o conocido del barrio en un hecho delictivo o por el consumo de ‘paco'”.

El informe destaca en ese sentido que los jóvenes “perciben que en esta sociedad no se vislumbran propuestas mejores para su generación y para las generaciones siguientes, donde las decisiones que se pueden tomar son, en el mejor de los casos, a mediano plazo. Por eso, se comprende la visión negativa del futuro a través de su apreciación y evaluación del presente. Existe una percepción de una realidad actual adversa y de difícil modificación y mejora”.

Esa franja social está “convencida de que ha sido dejada en la banquina, resignada, impotente para dominar su porvenir. Son jóvenes excluidos, expulsados a la calle sin nada que hacer”.

El relevamiento señala que “en el relato de los jóvenes se visualiza cierto pesimismo hacia el futuro: clara dificultad de pensar y por ende desear, proyectar e imaginar un futuro para ellos. La opción es vivir el presente, lo inmediato, el momento”.

Y concluye que “no se perciben posibilidades de cambios significativos positivos en un futuro próximo. En su proyección se identifica un grado importante de incertidumbre, en muchos casos asociada a la fuerte desconfianza que les merece la clase política”.

LA FAMILIA

El valor más jerarquizado por los cuatro grupos sobre los que se hizo la encuesta es la seguridad familiar. La demanda de protección, afecto y cuidado por parte de los familiares parece ser un denominador común tanto de los que poseen un grupo familiar estable como de los que pertenecen a grupos familiares desintegrados.

Curso de Filosofía (videos documentales para bajar)

Realizados por la Escuela Popular y Latinoamericana de Cine de Vive TV

Todos los capítulos tienen una duración de entre 20 y 25 minutos, están ripeados de la tele en español y en formato wmv (El primero también en Div-x). Cada capítulo pesa alrededor de 50 megas.

Fue publicado en Taringa, en la siguiente dirección:

http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/1114165/Curso-de-Filosof%C3%ADa-(37-cap%C3%ADtulos!!)-un-link-por-cap_.html

Los ciber y la inclusión digital

Nuevas tecnologías y sociedad

Los ciber y la inclusión digital

Objeto de fascinación y de recelo, los locales que proveen conectividad a Internet habilitan múltiples análisis. La posibilidad de contactarse con las nuevas tecnologías, su aprovechamiento para acceder al conocimiento y su condición de nuevo espacio público.

Artículo completo en: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2008/08/07/economia1/ECON-03.html

Autor:Emerio Agretti

Entregar cartas, pero que fueron escritas por otro (acerca del rol del docente y otras cuestiones)

Fragmentos de entrevista al filósofo, crítico literario y ensayista George Steiner realizada por el Diario El País.

… ¿Sabe por qué soy tan poco popular entre mis colegas académicos? Hay una razón muy sencilla. Siendo joven ya dije que había una diferencia abismal entre el creador y el profesor, o editor, o crítico. Y a los colegas no les gusta escucharlo. El capítulo más difícil de escribir en este libro, Envidia, es precisamente sobre esa relación con los profesores. Fue una pesadilla escribirlo. Sudé en cada frase. ¿Cómo se siente uno al vivir rodeado de los grandes sin serlo? Fui el miembro más joven de la Universidad de Princeton, ahí vivía al lado de Einstein y de Oppenheimer, y ahí supe qué eran los gigantes. Fíjese en ese pequeño retrato que hay ahí [un retrato dibujado de él en su juventud; debajo pone, en italiano, Il postino, el cartero]. Yo quiero ser el cartero, quiero que me llamen El Cartero, como ese personaje maravilloso en la película sobre Pablo Neruda. Es un trabajo muy hermoso ser profesor, ser el que entrega las cartas, aunque no las escriba. Mis colegas detestan escuchar eso. ¡La vanidad de los académicos es enorme!

… Somos los carteros y somos importantes. Los escritores nos necesitan para llegar a su público. Es una función muy importante, pero no es lo mismo que crear.

No, no es lo mismo. Me gustaría contarle una anécdota. Hubo un poeta contemporáneo llamado Nash que tradujo al poeta francés François Villon. En su famosa balada Las nieves de antaño había una línea en la que Villon venía a decir que la mujer ha envejecido: su pelo, escribía en francés, ya no es dorado, sino gris. Nash, en su manuscrito, lo tradujo así: “El brillo le cae del pelo”. El impresor cometió un error y escribió: “Un brillo cae del cielo”. Es una de las frases más hermosas de la poesía inglesa, ¡y se debe al impresor! Cada noche le pido a Dios que me envíe un impresor que cometa un error que me haga grande.

… He escrito ficción, y ha sido muy traducida, pero es una ficción intelectual, cerebral, alegórica. Son novelas que contienen ideas. Pero otra cosa es ser creador. Ah, la inocencia de un gran creador, el misterio de crear…

… Es muy probable que millones de personas lean literatura en formato de cómic. Hace poco leí una versión de Hamlet en formato de cómic y me resultó brillante. Redujeron el texto a momentos esenciales, y seguro que Shakespeare habría dicho: “No está mal. Mi texto era demasiado largo”. Ja, ja, ja.

… La cultura del futuro no será nuestra cultura. La cultura elitista y humanista que conocemos sólo pertenece a unos cuantos. Recuerde que voy a cumplir ochenta años y empecé antes de cumplir los veinte a publicar artículos sobre por qué la cultura no se enfrentaba al fascismo o a los nazis ¿Qué ocurrió? Aquí tenemos países con culturas superiores, tenemos las mejores escuelas, el mejor teatro, la mejor música. Y estos países nuestros se han convertido en infiernos. Y no sólo los países, sino que hay artistas grandes que se unen al fascismo. Nunca he dejado de hacerme esta pregunta, y aunque no tenga la respuesta, sí puedo decir que la cultura y el humanismo no son enteramente inocentes ni positivos. Walter Benjamin decía que toda gran obra está colocada encima de una montaña de inhumanidad. Es una verdad incómoda.

… Sí, lamento la cantidad de librerías que se están cerrando, y que sean más rentables ahora las industrias de la pornografía y de la droga. Esto es lo que uno debería preguntarse: ¿cómo puede ser que estas industrias sean las más poderosas en el universo del que estamos hablando? Estamos en peligro, sí, pero también es cierto que hay signos positivos. Nunca debemos olvidar que durante el esplendor de Florencia, en los tiempos de Miguel Ángel, Leonardo y los Medici, cada mes morían asesinadas muchas personas bajo el Ponte Vecchio. Nos olvidamos de cuánta salvajada ha existido en las grandes culturas.

… Hegel decía que toda nueva tecnología es una nueva filosofía. Bill Gates o sus ingenieros han cambiado el mundo. Google ha cambiado la percepción, la memoria, el cómo nos comunicamos. La tecnología es la fuerza más creativa del momento. Del mismo modo que el cine y la televisión son las formas más creativas de expresión. Sí, están llenos de basura, pero toda gran cultura ha tenido mucha basura. Hay una o dos revoluciones que se avecinan y tienen que ver con el trasplante de la memoria. Según estudios recientes sobre la memoria, no estamos muy lejos de implantarles chips de memorias a personas con alzheimer. Les darían un pasado artificial. Si eso ocurre, ¿qué pasa con el yo?

¿Y la otra revolución? Está por llegar, me da mucho miedo y francamente prefiero no estar vivo. Podremos vivir una media de 120 años. Muy pronto podrán rejuvenecer células. Seremos reemplazables, como el motor de un coche. Hoy, ser un investigador de biogenética es estar subido a una escalera mecánica que va cada vez más rápida. ¿Qué pasará cuando los jóvenes tengan que cuidar y alimentar a tanta gente mayor? La próxima guerra civil puede ser ésta.

Parece el tema de una novela de Saramago. De una novela, y de una pesadilla. Los jóvenes de hoy tienen que pagar impuestos, residencias de ancianos, la comida, la casa. Hay cada vez más ancianos.
Creo firmemente en el derecho a la eutanasia. Es un horror envejecer sin dignidad. Antes, las familias más o menos se podían hacer cargo de sus ancianos. Pero ya no pueden. Quizá la próxima crisis sea generacional.

¿Y existe alguna luz, profesor, se ve algo después del túnel? Hay países emergentes, culturas que se van imponiendo, China, por ejemplo.
Creo que el próximo poder artístico, intelectual y científico vendrá de la India. Tenemos muchos alumnos chinos y son muy buenos tomando notas y diciendo sí a todo. Sin embargo, los indios discuten, te preguntan…

¿Una organización sin confianza?

La confianza es el lubricante que hace posible el funcionamiento de las organizaciones. Es difícil imaginar una organización sin algún aspecto de confianza operando de alguna forma en algún lugar.

Una organización sin confianza es más que una anomalía: es una aberración, una oscura criatura de la imaginación kafkiana. La confianza implica responsabilidad, predictibilidad, confiabilidad. Es lo que vende productos y mantiene a las organizaciones en marcha.

La confianza es el adhesivo que mantiene la integridad organizacional.


Bennis y Nanus
Líderes

El disciplinamiento de los movimientos

Lo que viene a continuación, fue subido a Flickr por sangreDeOda:
http://www.flickr.com/photos/sangre_de_oda/1112214411/

Cuando llegamos a un lugar nuevo, es como besar en la oscuridad a una mujer desconocida. La búsqueda de un lugar o de un habitad ligado a la supervivencia material lleva a la mediocridad y al desperdicio de la vida. El hombre sin meditación termina creando un cordón umbilical carnal y mental que lo aferra a un espacio determinado y a un centenal de capas materiales que le genera un sentido de pertenencia, llamado identidad nacional. El hombre le tiene terror a amarrar la prótesis del cordón umbilical a lo imaginativo, le genera un caos sistémico. La primera herida del hombre es el acto de ese primer corte al momento de nacer que provoca que ese cordón sea sustituido por múltiples prótesis materiales y de pertenencia. El hombre receptivo le tiene miedo a los cortes en sus flujos, el hombre disciplinado le tiene miedo a la ruptura. El hombre se ha vuelto receptivo de lugares, de espacios, de prótesis. Saca de su inconciencia el cordón umbilical para ligarlo a bienes materiales, a espacios conocidos, a ideales y metas prefabricadas para la subsistencia animal, a objetivos rutinarios y repetidos. El sentido de la búsqueda se ha perdido, el peregrinaje se traduce en miedo, el sentarse a meditar en la soledad genera pánico porque el hombre ha aprendido a generar un autocontrol ligado al tiempo productivo monetarista, el pensamiento debe autoinmovilizarse a una carretera única en la cual se debe pagar de peaje la vida.

Como si a cada hombre se le diera solo unas pocas oportunidades para encajar, y mientras más rápido lo haga será más exitoso, nacer para llenar los moldes humanos, nacer para llenar espacios, nacer para llenar nichos, para llenar puestos, para llenar cargos y organizaciones.

Hay que deambular hasta llegar a ese punto donde por fin tus costillas tienen una solución. Como llegamos al lugar de nuestro anclaje. Años buscando, años perdiendo ese tiempo exitoso, años vagando por la medula de caminos desconocidos. El mayor terror es la pertenencia, olvidarse de lo étnico fatal, lo territorial es cárcel, lo identitario es cárcel, lo económico es cárcel, los gustos alimenticios son cárceles, el miedo al futuro es cárcel. Hay una tierra perdida que tu alma implora por encontrar, si tiene la suerte de nacer exactamente en el punto que tu esqueleto encaja con el alma politeísta. Cuantas veces las personas salen de sus rutas diarias, deambulan como locomotoras por sus rieles, deambulan como si todas las distancias estuvieran unidas por puentes. El alma siempre será politeísta, adora el trueno y los besos, le rezará a la macabra noche, le rinde culto a las frutas que cuelgan de las ramas, a la lombriz solitaria que se enamora del cuello de las jirafas, a las bocas carnosas. Si terminara persiguiendo a cada mujer hermosa que pasa terminaría en un laberinto, así como he perseguido el eco de las palabras, así como cada lenguaje pasa por mis ojos contorneándose como una mujer desnuda he terminado en laberintos de poesía. Tanto tiempo estancado en un solo lugar es enfermizo, el cuerpo debe estar en movimiento, no regirse por el disciplinamiento del movimiento. Lo terrible es cuando los cuerpos caen en el sometimiento del movimiento, siempre fluyendo por las mismas calles, siempre dirigiéndose a las mismas instituciones y organizaciones políticas, siempre fluyendo por las mismas carreteras y los mismos espacios turísticos, que terror me da cuando escucho la palabra turístico, me da terror que alguien me diga que soy un turista. El disciplinamiento de los movimientos es la aórtica infernal por donde los hombres se vuelven sonámbulos, centralizando sus piernas. El hombre autodirecciona sus desplazamientos por la ciudad, siguiendo ideales sistémicos. Siempre el mismo lugar para comer, el mismo lugar para pasear, la misma cama para hacer el amor, el mismo rincón para deshacer la mujer a besos. El hombre siente miedo de tomar una calle paralela, entregarse a la aventura de doblar por una esquina desconocida. La mecánica del tiempo ha atravesado el movimiento, los cuerpos circulan como si estuvieran regidos por abismos, por mapas virtuales que castigan su carne. Por las calles iluminadas, por los lugares comerciales, por las veredas donde crece el intercambio. El miedo a perderse, el miedo a caer en la desorientación, el miedo al suspenso, el miedo a ser un caminante inmoral de la ciudad. El hombre camina pensando hacia donde llegara, eso limita su capacidad de observación y emotiva, limita su sustancia imaginativa, el hombre camina con una política y un objetivo, perdiendo de vista el eje de la sorpresa. La identidad y la pertenencia nacen del miedo a perderse, del miedo a desafiar el disciplinamiento de los movimientos, del miedo a romper las fronteras mentales de una ciudad divida en clases, terror a traspasar las fronteras sociales. Al hombre se le genera un miedo en cada calle desconocida lo que limita su búsqueda. Los espacios públicos, y los espacios privados. El terror debe crearse en los espacios públicos para que el hombre no libere su imaginación y su observación. Solo se llega a los espacios públicos a través del miedo, a través de la ambigüedad, a través de los cercenamientos de ejes naturales que controlen su cuerpo. Transforma tu espacio privado en poesía, transforma el espacio público en búsquedas. Los hombres solo han aprendido a usar movimientos raquíticos al coordinar el tiempo con los sentimientos del espíritu.

Títeres: arte, educación, terapia, discapacidad, psicodrama, desestructuración, juego, imaginación, disfrute

Fragmento de entrevista realizada al titiritero Elvio Toto Villarroel y publicada en forma completa en:
http://latitudbarrilete.blogspot.com/2008/03/toto-villarroel.html
El títere es muy importante. La gente no conoce la influencia del títere en la educación, en lo psicológico y en lo terapéutico. Acá, por ejemplo, hay un taller de títeres para discapacitados. Existe una comunicación. No es tan cierto que el títere es mágico. Hay razones de tipo psicológicas que lo hace llegar al alma del niño. Rojas Bermúdez tiene un libro que se llama Psicodrama y títere donde explica muy clarito por qué el títere llega al alma del niño y aún a la del grande.
Dice que el títere como es un objeto que no le trae problemáticas, sino que es simple, entra en el yo psicológico del ser y se entabla una relación donde la persona puede conversar con el títere y aun tomar el títere y hacerlo vivir. Y así lo vivo yo, porque cuando hacés la función debés sacarlo del alma para lograr esa unión.
Nosotros en la escuela planteamos que el arte nos enseña, que hay que desestructurar a mucha gente para poder hacer títeres, que el títere y el arte debemos sacarlo desde el juego, desde la imaginación y desde el niño. Si se logra desglosar eso, todos somos capaces de comunicarnos y llegar desde lo más interno.
Cuando comienza la música del circo o de otra obra, yo ya no estoy en este mundo: estoy en el mundo del circo, lo estoy gozando. Con el títere se disfruta y se juega. Y el público va abriendo su capacidad de juego, su yo, y se siente necesitado de participar y de jugar.
Vos le das al títere gran parte de tu yo y te quedás con un poco para no volverte loco. El titiritero le da al títere lo que el títere le pide, y entonces dejás de ser vos.
Hay titiriteros que juegan con el títere y hacen que viva, hacen cosas muy hermosas. Y hay veces que es más difícil, porque vos le entregás al títere pero llega un momento en que querés hablar con él. Entonces le decís: “¿Qué estás haciendo vos?” Y entonces hay como un desdoblamiento que debe volver a producirse cuando el títere te contesta y es el títere quien habla. El títere es un sinvergüenza porque te saca cosas que tenés adentro y que no sabés que tenés, y a veces te exige cosas y te fuerza. Por eso es que nosotros no planteamos una superioridad de la técnica, porque la técnica es buena, pero más vale lo otro. Si tenés lo otro empezás a necesitar la técnica; y cuando tenés la técnica, ni se nota.

Entrevista a Juan Carlos Tedesco – Ministro de Educación (fragmento | Diario Página 12)

Publicado en forma completa en Diario Página 12:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-108605-2008-07-28.html

Temas principales que se trataron: violencia escolar, educación sexual, medios de comunicación,  televisión pública educativa, adicciones, formación docente, formación ciudadana, deserción escolar, entre otros.

–¿El rol del Ministerio de Educación debe estar contemplado en una nueva Ley de Radiodifusión?

–Sí, lo estuvo siempre. Me parece que el tema de la ley será tratado como corresponde. Lo que me preocupa es el papel de los medios en los procesos educativos de la población. En ese aspecto tenemos que actuar proactivamente, por eso el canal Encuentro, por eso el programa de Escuela y Medios. Son acciones del Ministerio de Educación que muestran que es posible hacer una televisión pública educativa de muy buena calidad y que es posible educar a los alumnos en el uso de los medios. Lo que necesitamos con respecto a los medios es tener una demanda más calificada, una población que demande información y televisión de mejor calidad, que no se someta pasivamente a la manipulación que pueda haber del lado de los medios.

–En cuanto a los temas de violencia, resulta novedoso que a los chicos les interese la difusión de la indisciplina a pesar de la sanción que puedan recibir…

–Primero, es un fenómeno inédito y propio de esta época de uso, expansión y renovación de los medios de comunicación, unidos a las tecnologías de la información. Antes, cuando un chico cometía alguna falta no quería que se enterara nadie, ahora más bien la comete para que todo el mundo se entere. Los chicos están probando cuándo les ponen el límite y la verdad es que esto indica que hay muchos límites que empiezan a ser sobrepasados y que se debería intervenir más prematuramente. El otro tema es el papel de los medios en la cultura juvenil, que es un hecho nuevo, que debe ser estudiado, analizado. Es un hecho mundial, no es un problema argentino. Uno de los últimos números de Le Nouvel Observateur está dedicado a incidentes de este tipo en Francia. Tenemos que ver cómo el medio pasa a ser parte del problema. Esto afecta también la responsabilidad que los medios tienen que tener: si un chico filma y lo cuelga en Internet y el medio lo difunde, estamos haciéndole el juego a la indisciplina que el chico plantea. Es un fenómeno nuevo que interpela nuestro conocimiento profesional, técnico, y sobre lo cual no tenemos respuesta. Los investigadores, psicólogos, pedagogos, responsables de medios de comunicación deberían empezar a tomarlo como objeto de investigación y darnos elementos a quienes debemos tomar decisiones.

–En estos casos, ¿qué papel le asigna a la sanción?

–Nuestra función es educar, no es sancionar por sancionar. Algunos dicen que frente a esto que hay que echar al alumno: habrá que cambiarlo de escuela, buscar el lugar más adecuado, pero nuestro trabajo es educar.

–Educación sexual, adicciones, cuestiones de género, nuevos valores hacen a los temas que tienen que incorporar los docentes además de los saberes específicos. ¿Cómo se los prepara para esa complejidad?

–Por un lado, estamos trabajando en la formación inicial de los docentes incorporando estos temas. Para los docentes que ya están en servicio, la vía que estamos ensayando es la del trabajo en equipo y la de la responsabilidad institucional, colectiva, frente a estos nuevos desafíos. Estos temas no interpelan al docente individualmente ni en su trabajo en el aula. La unidad de desempeño de los docentes hoy es la escuela y es el equipo docente el que debe enfrentar esas cuestiones: los temas de convivencia, formación en valores, adicciones. Por eso hemos iniciado procesos de autoevaluación institucional para que analicen qué anda bien y qué no. En los diarios sale lo que anda mal, pero tenemos 50 mil escuelas, diez millones de alumnos y la mayoría funciona bien. Hay que apostar a eso y a formación más profesional en problemas nuevos, así como hablábamos de los medios, por ejemplo el tema adicciones, también es nuevo en la escuela, tenemos que apelar a nuevos conocimientos, capacitación en servicio, que es mucho más importante hacerla en la escuela (el director, el supervisor y los docentes, todos juntos), que seguir apostando a los cursos de capacitación individuales fuera de la escuela.

Luna lectora (César Hazaki)

Cuando una de las hormigas negras la mordió en su pierna izquierda, la niña la reconvino con severidad. Le advirtió en su lenguaje todavía no del todo desarrollado, que de ninguna manera quería decir que no tuviera notables matices, que no estaba bien lo que la columna de trabajadores estaba haciendo. Mientras caminaba en puntas de pies iba señalando a la última mordedora y con sus pequeños dedos le indicó a ella, como a toda la indiferente fila de hormigas, que era la tercera vez que esto ocurría. Aguantado el dolor les precisó que se había sentado bien al filo de la sencilla pileta natación precisamente para no entorpecer el lleva que te lleva de hojas y ramitas.

Les hizo notar, ya con un tono de voz más elevado, que ellas debían seguir la línea negra de alquitrán que unía el cemento del borde de la pileta con el mosaico. Usando en forma imperiosa la primera figura del singular agregó: -Yo leo mis cuentos acá- señaló el cerámico marrón que tenía la propiedad de rechazar el calor que el insistente sol de La Rioja producía.

El notable diálogo, si tomamos las tres mordidas de las hormigas como una forma de comunicación, no tenía hasta ese entonces testigos.
El padre de la niña estaba agachado, absorbido por la limpieza de la parrilla, en esa posición era sabido que se le producía una particular sordera que desaparecía automáticamente al volver a la posición erecta. Por su parte la abuela, como siempre en días domingo, canturreaba una zamba chayera mientras preparaba las ensaladas.

La madre eternamente tan atenta a las idas y vueltas de la pequeña estaba tratando de dormir en sus brazos a su otra hija recién nacida.
De los tíos todavía no había noticias dado que remoloneaban en levantarse de la cama.

Por suerte esas ausencias impidieron corregir a Luna en aquello de que leía cuentos, dado que con sus casi cuatro años eso era imposible. Cualquiera de los mencionados, más bisabuelos, tías y abuelos, podría haber intervenido para ordenar en forma coherente la realidad: -Luna vos mirás cuentos- o –Luna vos contás cuentos. Nada de eso ocurrió dada las ocupaciones y ocios diversos de los
adultos, lo que permitió a la niña seguir entablando negociaciones con el ejército de hormigas. Ayudó que una de ellas, de contextura más grande que las otras, se detuviera cerca del dedo admonitorio de la chica.

Luna tomó en cuenta el hecho y pensó que esta voluminosa hormiga era algo así como el padre o madre del resto. Esto le hizo cambiar un poco el tono, después de todo se estaba dirigiendo a un adulto desconocido, pero no modificó ni un poco su
reclamo. Reiteró la cantidad de veces que fue mordida, indicó con pelos señales a la última ejecutante de tan agresivo acto y reclamó que se respetaran los acuerdos persistentes: línea de alquitrán para las hormigas, baldosas de cerámicas para ella. Prohibición absoluta de morderla, como también reconvino a que ninguna, pero ninguna oliera, transitara o arrancara un solo pedazo de sus libros.

Como entendía que ella no podía poner todas las condiciones del tratado de paz hizo las concesiones que entendía los animales no iban a desechar: no quemaría a la fila de hormigas con fósforos, tampoco les inundaría el hormiguero con el agua de la manguera, Luna daba por descontado que las hormigas la veían todos los días regar con ahínco, por último agregó, que no elevaría sus quejas al almirantazgo de los adultos, donde ella tenía sobrada influencia, para que rociaran sistemáticamente con veneno todo el jardín.

Viendo que la hormigota seguía escuchando mientras se rascaba la cabeza con sus patas delanteras, agregó con confianza que tenían que darse cuenta que una cosa era la picadura de las pequeñas hormiguitas rojas y otra muy distinta la mordedura de las grandotas hormigas negras. Que ella sólo quería seguir leyendo cuentos al sol y que poco le importaba la vida de la infatigable fila de hormigas.

Todo parecía que la negociación había terminado en un franco tren amigable, eso hizo que la pequeña se volviera sentar para retomar el placer que le producían libros de cuentos que le enviaba su abuelo desde una ciudad lejana, pero una disloca hormiga salió de la fila y atacó sin más a la niña. Esta sorprendida por el desleal acto rompió en un inconsolable llanto y se dirigió hacia su padre para pedir justicia, esta señal de aguda alarma hizo que cada uno de los ocupantes de la casa entera en alerta roja, madre, padre, abuelos y tíos fueran hacia el lugar del hecho para tratar de defender a Luna del peligro en que estaba. En pocos menos que cinco o seis lágrimas todos se acercaron para consolarla. Hubo que esperar que se calmara para que pudiera mostrar las ronchas producidas por las que, hasta no hacía mucho, habían sido sus vecinas a la vera de la pileta.

Siendo un grupo familiar de acentuadas prácticas comunitarias ahí mismo se convocaron a una asamblea para resolver de la mejor manera el conflicto: ejército agresor – Luna lectora. Por ciertos principio generales ecologistas no podían rociar con nafta y prender fuego al hormiguero. Tampoco actuar con venenos prolongados por la presencia de las niñas y animales domésticos. En un acto que se consideró justo y razonable se destruyó la pileta, dado que debajo estaba el hormiguero, y con los cerámicos rescatados se hizo un hermoso banco de jardín para Luna y alguno de sus acompañantes en la aventura de la lectura.

Los Bad Boys (César Hazaki)

Ante los violentos hechos donde chicos ricos de Resistencia que salían de noche en 4×4 a pegarles a los pobres, filmaban la palizas y subían el video a internet; va este texto escrito hace un tiempo por César Hazaki:

La cultura adolescente de los Bad Boys y los Fondos Buitres

El recuerdo de Yabrán: El poder da impunidad:

Conocimos los fondos buitres en todo su esplendor en los noventa cuando se lanzaron sobre las economías emergentes, eufemismo que habla de los países sometidos a las disposiciones de las grandes empresas multinacionales y el imperialismo a través del Banco Mundial, FMI y demás organismos que prepararon el desembarco, con sus consejos, presiones y técnicos, de la “ocupación financiera”.

Los Fondos Buitres, como su nombre lo indica, aprovechan la debilidad de una empresa comprando sus deudas y, a través de ellas, empujarlas hacia el peligro de muerte –sobrevolándola y acechándola- momento preciso de hacerse propietarios de la misma con el menor costo y esfuerzo posible. No es difícil hacer relaciones que muestren la historia entre la riqueza y la sexualidad. Codicia: “Afán excesivo por las riquezas/ apetito sexual”, define el diccionario de la Real Academia Española.

Capitalismo salvaje, bonos basura, fondos buitres son formas habituales de denominación de las acciones más recalcitrantes de la concentración monopólica. Sobre ellos se imprime una categoría apreciada: “Libertad” sólo que le agrega una palabrita mágica: “Mercado”. Así libertad de mercado es la vía por la que los fondos buitres y el capitalismo salvaje son parte del pragmatismo ramplón para justificar la lógica que da la expropiación global. “El poder da impunidad” la frase de Yabrán ilumina en estas pampas el modelo de apretar, ahogar y devorar empresas, de alguna forma podemos decir que dejó en ella un modelo a seguir.

Fondos Buitres y su modelo para exportar:

Los Fondos Buitres requieren gente entrenada y endurecida en la guerra económica para lograr la destrucción y sometimiento de empresas. En general reclutan gente joven de las universidades más conspicuas para ir entrenándola en el tema. No hay más que recordar la película “Wall Street” y el entrenamiento de Micheal Douglas sobre el joven para que aprenda a delinquir en la bolsa de valores.

Esos jóvenes fueron los conocidos yuppies, contracara del modelo hippie de los años sesenta, marcaron con sello de identidad el placer por ganar dinero, la ostentación y el consumo. Fueron el paradigma que el imperialismo mostró como ideal para la juventud de los ochenta. El joven narcisista, exitoso, consumidor de todo tipo de exclusivos bienes y estrechamente asociado a la cocaína. Lo que se dice un modelo para exportar que tiene al doctor Johnson -como el Dale Carnegi del momento, no se trata ya de ganar amigos- sino de seguir su indicación: El hombre debe dedicarse a ganar dinero dado que es una actividad recomendable y placentera. Frase que parece sacada de un libro de autoayuda del capitalismo para expandirla por vía mediática a todo el globo.

Vemos así como “los sectores dominantes utilizan su “capital simbólico” para nombrar las identidades colectivas que permiten mantener las formas de dominación en que ese poder se perpetúa” (1) Enrique Carpintero Topía Revista Nº 46

Los Chicos Malos:

Han salido a la luz algunas formas de relación entre los jóvenes de clase alta en sus diversiones de fin de semana, en especial en country –de las que poco suele conocerse dado que se mantienen dentro del espacio cerrado de los mismos- lugares de diversión nocturna y zonas de veraneo. Como suele ocurrir son las crónicas policiales, al mejor estilo de la siempre vigente novela negra, las que pueden mostrarnos los indicios para analizar los hechos. Nos referimos a asesinatos en riña y en modos de pelea que adquieren formas sorprendentes para aquellos que creen que el bienestar y la riqueza alejan la violencia y el sadismo de los jóvenes de las clases acomodadas. Estos hechos no son producto de la xenofobia, ni de ninguna forma de racismo, ni de la diferencia de clase sino que integran la diversión al modo de una ordalía que se realiza cada sábado.

Los crímenes del poder hacia la juventud son más que conocidos en Argentina y los mismos se fueron deslizando desde el terrorismo de estado, a las jóvenes como María Soledad y los ejecutados por el gatillo fácil de las distintas policías del país. En todos estos ejemplos es el poder, en sus distintas formas, el que se constituye en amo y señor de las vidas y muerte de los jóvenes. En los casos que estamos tratando de entender son diferentes por la misma razón que antes mencionamos: se da entre personas que pertenecen un mismo grupo y no parece haber ningún intento de apoderamiento del espacio físico –como es el caso de barras de barrio- ni interés económico de por medio. ¿Entonces por qué ocurren? ¿Qué expresan?

Vale la pena intentar algunas ideas: los jóvenes son parte de una sociedad que les da modelos y propuestas, como no existe una sola forma de ser adolescente, tenemos que ir comprendiendo que estas conductas y estos grupos no surgen de la nada y poco parecen tener que con el nivel educativo y económico que poseen. Cabe aclarar que hablamos de estas situaciones a sabiendas de que hechos violentos en las clases altas han ocurrido siempre y que seguirán ocurriendo, cambia con los casos que nos ocupan es que nos pueden ir indicando hacia dónde están preparando las clases dominantes, con qué ejemplos, con qué cosas permitidas, cuáles prohibidas, modelos a imitar, etc.

Duro y cruel: Son jóvenes que pueden llevar una pelea hasta el aniquilamiento del otro, que no tienen códigos de pelea sino que buscan armar celadas para que la o las víctimas siempre sean elegidas siendo menos y con pocas posibilidades de defenderse. Una vez logrado esto la posibilidad de muerte del rival no los detiene sino que parece actuar como un acicate.

Cabe preguntarse entonces cuales serán los destinos de estos muchachos para qué se están preparando, casi sin saberlo, y qué les pedirá la sociedad el día de mañana. Podemos decir que son hijos de Yabrán dado que creen en la impunidad de su propio poder y lo refuerzan buscando rivales más pequeños en número para triunfar en sus raids nocturnos de fin de semana, en esta especie de “deporte extremo”. A diferencia de los violentos solitarios, estos otros andan en grupo y, es más, necesitan estar juntos para realizar estas acciones. Adrenalina pura conseguida con energizantes –parece una terrible ironía el nombre de estas bebidas- alcohol y éxtasis.

Esta forma de goce extremo y ritualizado no es conveniente, para el poder, que se exprese tan “en vivo y en directo” por sus propios hijos. Dado que se trata de convencer a la sociedad de lo contrario, esto es que la violencia, el asesinato y demás delitos es sólo asunto de los pobres hacinados en las villas, de jóvenes marginales, de los piqueteros duros, de bandas de narcos, de la mafia china, etc. Puestos así los Bad Boys, en blanco sobre negro, a los ricos se les rompe el espejo ideológico con el que aspiran y necesitan que la sociedad los vea e idealice.

No hay duda que tales “diversiones” ponen de manifiesto, de arriba hacia abajo, el sadismo que recorre la sociedad capitalista en la que vivimos. Aquí se muestra esa subjetividad hecha de desechos, de restos amorfos de la anterior, como dice Silvia Bleichmar (2 Topía número 46), preparada en las clases altas para expandir el modelo del sálvese quien pueda y que propugna jóvenes endurecidos para trabajar como los fondos buitres, agregamos nosotros.

No se trata de temer a los “Chicos Malos” y declararlos peligrosos para la sociedad sino de lo inverso: ver en ellos el entrenamiento adaptativo en el sadismo y la crueldad para que luego, ya adultos, lo apliquen en sus lugares de mando.


Autor: César Hazaki

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Declaraciones de Chico Buarque – internacionalización de la Amazonia

Me llegó un correo electrónico y decidí compartirlo con ustedes:

No todos los días un brasileño les da una buena y educadísima bofetada a los estadounidenses.

Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO ‘CHICO’ BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la Amazonia?

Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un humanista y no de un brasileño.

Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:

‘Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro.
Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad.
Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo entero.
El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales. No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.
También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo. El Louvre no debe pertenecer solo a Francia.
Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.
No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro. Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido internacionalizado.
Durante este encuentro, las Naciones Unidas están realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada.
Por lo menos Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.
De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia… cada ciudad, con su belleza específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.
Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, internacionalicemos todos los arsenales nucleares.
Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.
En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda. Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar; que mueran cuando deberían vivir.
Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra.. ¡Solamente nuestra!’,

OBSERVACIÓN: Este artículo fue publicado en el NEW YORK TIMES, WASHINGTON POST, USA TODAY y en los mayores diarios de EUROPA y JAPÓN.

En BRASIL y el resto de Latinoamérica, este artículo no fue publicado.

Brecha digital: la función social de los cibercafés (Diario La Nación – Argentina)

Cuestionados muchas veces porque ofrecen a los menores acceso a páginas de pornografía y a videojuegos que incentivan la violencia, o porque a menudo es allí donde las redes de pedofilia buscan a sus víctimas, los
cibercafés permiten que toda una generación de chicos de escasos recursos se suba al tren digital


Por Gustavo Barco

Se puede decir de todo de los cíbers: que nadie controla realmente qué hacen los chicos conectados por horas, que algunos juegos en red que practican incentivan la violencia, que hasta allí llegan los pedófilos para reclutar niños y adolescentes para sus fiestas sexuales, que muchos padres los usan como “guardería/depósito”, que son base de operaciones para todo tipo de comercio marginal. Lo que pocos pueden negar es que, por unos pesos, les permitieron a millones de argentinos colgarse al tren digital y dar sus primeros pasos en el mundo multiconectado del nuevo siglo, al que no hubieran tenido acceso de otra manera.

Después de la crisis de 2001, tener un locutorio o cibercafé fue el refugio que encontraron los buscadores de oportunidades de negocios, entre ellos, miles de desempleados que invirtieron sus ahorros para poder subsistir en un país que se derrumbaba. La consultora Carrier y asociados estimaba en 6150 el total de locutorios cibercafés en el área metropolitana a fines de 2006. La cifra habla de un notable crecimiento de la actividad si se tiene en cuenta que sólo existían 1353 en 2002.

A partir de entonces, sin proponérselo, los propietarios y empleados de locutorios con servicios de conexión a Internet cumplieron, según los expertos, un inesperado rol social que ayudó a achicar la llamada “brecha digital”, al menos en lo que respecta a acercar a la tecnología a quienes no pueden tener banda ancha o computadora en su casa, e incluso a estratos sociales bajos y vulnerables, como los chicos en situación de calle.

Cierta “democratización” del uso, la horizontalidad en el acceso tan ansiada por los gurúes tecnológicos, había llegado de la mano del mercado.

Cuando se habla de la famosa brecha se tienen en cuenta dos vertientes: por un lado, la apropiación de las tecnologías por parte de la población, la capacidad de hacer un uso útil de ellas; por el otro, la conectividad, que se puede medir, tanto por la frecuencia con que la población se conecta a Internet como por el tiempo que permanece “navegando”.


Pertenecer, a pesar de todo

La cantidad de personas que se conecta a la red en América latina ha aumentado un 466,2% desde el año 2000, según Internet World Stats. En Brasil está el 47,4% de usuarios de América latina y la Argentina ocupa el segundo lugar, con el 18,4% (más de 16 millones de “conectados”). Si bien el índice es bajo en relación con los países más desarrollados, es superior a la media mundial: 17,2%.

¿Cuántos argentinos serían analfabetos tecnológicos sin los cibercafés? ¿Una exageración o una ausencia marcada del Estado que no tuvo reflejos para reaccionar ante ese desafío de la aldea global?

“Pum, pum! ¡Ah! Ahí tenés, ¡tomá, gato!”, se oye entre el piberío que asiste al cíber “Kaos”, en el barrio Ejército de los Andes, también conocido como “Fuerte Apache”. El nene que fue herido de muerte en el mundo virtual del Counter-Strike no se reprime y exclama: “Andate a la mier “, y, antes de que la frase termine, el dueño gritará un “¡Che! La boca, ¿eh?” que calmará las aguas y cortará las miradas eléctricas entre los chicos. Saben que, si la siguen, no volverán a sentarse en las máquinas que los conecta al mundo. Cada vez que se abre la puerta de vidrio del cíber, cubierta con papel celofán azul, entra el resplandor de la tarde fría que reverbera en los fusiles de los gendarmes que custodian el barrio.

“Los conozco a todos, las madres los dejan acá y después los pasan a buscar, es como una guardería. Los chicos tienen cuentas corrientes, vienen por la tardecita. Los más grandes están por la tarde y por la noche. La mayoría viene a ver sus casillas de mail o a chatear en el MSN. Se conectan para buscar trabajo o mandar un currículum, aquí nadie tiene Internet en su casa”, cuenta el propietario, Néstor “el chanchi” Areco, que tiene 35 máquinas y, según dijo, más de 300 cuentas corrientes de diferentes niños, niñas y adolescentes de la zona. “Hace un par de años era terrible, les tenía que enseñar todo, bajar cosas de Internet; debo de haber abierto como mil casillas de correo nuevas en esa época Ahora ya aprendieron y si no saben se preguntan entre ellos o mando a alguno que ya sepa para que les enseñe”, dice el hombre, y aprovecha para denunciar que los vecinos piden conexiones a Internet y que las empresas de telefonía que las proveen no quieren ingresar al barrio. “!Nos discriminan!”, reiteran los chicos sin dejar de mirar las pantallas.

Este espacio de pertenencia y el ámbito de encuentro físico y virtual, que influyó tanto en chicos como en adultos, fue estudiado y analizado por Susana Finquelievich, investigadora independiente del Conicet, y por Alejandro Prince, licenciado en marketing, en el libro El (involuntario) rol social de los cibercafés: “Los cíbers no sólo proveen conectividad a más de un tercio de los cibernautas argentinos: se la proveen referentemente a los grupos socioeconómicos más bajos, a los habitantes del interior, a los jóvenes y a las mujeres. Sin duda cumplen un rol social, aunque éste sea la consecuencia secundaria de iniciativas económicas en pequeña escala. La famosa brecha digital ha sido conceptualizada en términos binarios: un individuo tiene acceso o no a Internet, usa esta tecnología o no. Este enfoque erróneo y simplista implica que, cuando en un país sube el número de habitantes conectados -ya sea debido a políticas estatales o, como en el caso argentino, a la iniciativa privada-, se declara prácticamente ganada la batalla contra esta brecha y se cree que tener acceso a Internet anula las inequidades presentes y potenciales”.


Lugar de iniciación

Los cibercafés son con frecuencia, según Finquelievich, el lugar donde se accede a Internet por primera vez (en 2006, el 42% de los navegantes tuvo su debut en Internet en un cibercafé y el 34,5% en su hogar), donde “el usuario inexperto se vuelve cibernauta”. En el libro, uno de los datos que sorprende es la comprobación de que los cibercafés han superado a la escuela, al hogar y al lugar de trabajo a la hora de iniciar en la informática a los jóvenes más necesitados: “el número de personas que aprendió pragmáticamente el uso de Internet en los cibercafés es superior al de quienes se instruyeron en sus hogares y supera a los que aprendieron en sus lugares de trabajo, dejando en un lejano cuarto lugar a las instituciones educativas”.

Para Sergio Balardini, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), el espacio creado por los cíbers debería ser aprovechado por el Estado para achicar la brecha digital, no observarlo como un enemigo sino como un aliado contra la exclusión tecnológica: “¿Sería la brecha digital más grande de no haber existido los cíbers? Creo que sí. El rol de los cíbers es importante porque acercaron las nuevas tecnologías a sectores sociales que, si no, no hubieran podido participar de ellas. ¿Acercaron conocimiento? Sí, acercaron también conocimiento, pero una cosa es tener un programa de capacitación y formación vinculado al uso de estas tecnologías y otra es disponer de ellas sin ninguna clase de tutoría que no sea el ensayo-error o la repregunta a una persona próxima. Me parece que ahí el rol del Estado a través de la escuela es diferente, porque puede trabajar y orientar en programas de inclusión y en la utilización más productiva de estas tecnologías. Es un rol diferente que el mercado no puede sustituir”.

Todas las fuentes consultadas recordaron y rescataron la iniciativa que surgió en el gobierno de Jorge Telerman cuando, en 2006, inauguró dos cíbers para los chicos en situación de calle, uno en Boedo y otro en el centro porteño. Los operadores de calle del Gobierno de la Ciudad habían descubierto que hasta el 70% del dinero que los pibes recaudaban por mendicidad, limpieza de parabrisas o venta de estampitas -entre otras actividades- se lo gastaban en los cíbers. La idea era atraerlos con las compus para hacerles un mayor seguimiento, ofrecerles una merienda, un lugar donde ducharse, dormir, y apoyo integral para intentar sacarlos paulatinamente de la calle. Algunos datos relevados por ese programa indicaban que el 50% de los chicos en situación de calle tenían casilla de correo, y un 22%, perfil en fotolog. Esto plantea una paradoja: los chicos en situación de calle no tienen vivienda física, pero sí una cuenta de correo, una suerte de lugar virtual propio, en donde forjan y refuerzan su identidad por su existencia en la red, en donde pasan a ser “visibles”.

Entre las primeras acciones del flamante gobierno de Macri, se ordenó cerrar esos dos “ciberencuentros”, como los había denominado el gobierno de Telerman. Crítica de aquel programa (“Los chicos no iban, hay informes de auditoría que lo demuestran. El tipo de trabajo que se hacía no tenía impacto”, explicó), la subsecretaria de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, adelantó a LA NACION que el gobierno de Macri planea abrir 35 “Centros de Inclusión Digital” en cuatro años, de la mano de convenios con Telecom y Microsoft -con software educativo especial y docentes capacitados, asegura-, y que el primero se abrirá este mes, en un Centro de Acción Familiar (CAP) del Bajo Flores, dentro de la villa 1-11-14. Cinco de ellos estarán focalizados en la niñez y otros cinco en acercar las nuevas tecnologías a la tercera edad.

“Que un chico vaya y juegue un jueguito en Internet no le garantiza que tenga un buen contacto con la tecnología. ¿A ese chico le va a servir como herramienta a futuro? No necesariamente, si eso no va a acompañado de otro tipo de intervención, por parte del Estado, en términos de transformación de la computadora en una herramienta para la formación, la educación y el trabajo”, subrayó Acuña.

Según los planes del macrismo, los cíbers ya existentes en la Ciudad no estarán incluidos en la política de Estado, inclusión que sí aconsejan, y punto en el que coinciden, los expertos e investigadores como Finquelievich, Prince y Balardini.

“El Estado, sabiendo que el cíber es un sitio en donde los adolescentes se encuentran mucho tiempo, debería tener una política, como aprovechar los horarios libres de los cíbers para que esas computadoras sean usadas por chicos de algunas escuelas que no tengan máquinas, que se puedan dictar allí cursos de capacitación a docentes.
Hay que pensar al cíber como aliado y no como rival de la escuela”, enfatizó Balardini.

Los consejos no son antojadizos y tienen el respaldo del número creciente de usuarios de cibercafés que crece año tras año. Según un estudio de Prince & Cooke, en diciembre de 2006, más de 3.380.000
de usuarios de Internet se conectaban exclusivamente desde los cibercafés (un 26% del total). Si se incluye a todos aquellos que utilizan cibercafés (además de otros lugares de acceso), el número ascendía a 34% de usuarios totales: es decir, 4.420.000 personas utilizaban los cíbers para acceder al ciberespacio. La Cámara Argentina de Locutorios estimó que hay en la Argentina más de 10.000 cibercafés y, según el último estudio de Carrier & Asoc., de agosto de 2007, los cibercafés permiten el uso de la red a unos 5,5 millones de argentinos.

El informe dice que para los segmentos bajos y medio bajos es la forma de acceder a una PC conectada a banda ancha; para los segmentos medios y altos, es la manera de conectarse sin preocuparse por las complejidades de la informática y como un complemento al estar lejos de la PC del hogar y el trabajo.

Karina Nemes, empleada en una AFJP, 37 años, madre de un adolescente, que vive y trabaja en el centro porteño, plantea a los cíbers como una nueva forma de privacidad: “Tengo Internet en casa y en el trabajo también. Venir al cíber funciona también como una especie de nueva privacidad, no porque sea algo prohibido; acá me siento libre, en casa está mi hijo y no es lo mismo. Siempre está mirando para ver si me mando alguna macana. Una vez acepté un virus ¡Hizo un escándalo! Aquí me olvido de eso”.

A pesar de que el mundo de los cíbers pareciera estar acaparado por los más jóvenes (los menores de 18 años los usan más de dos veces a la semana, en promedio), los últimos estudios de Prince & Cook indican que cada vez más los usuarios de entre 36 y 45 años se aproximan a esa media, con un promedio de una vez por semana.

“Aprendí acá, gracias a los chicos del cíber que me enseñaron cómo entrar al MSN, y chateo con mi hija que está en Italia… Yo no sabía ni apretar ´enter . ¿Sabés cómo la extraño?”, cuenta Roberto Rossi, vendedor, 48 años, que se conecta todos los días para chequear sus mails en el cíber “Ground Cero”, de Pompeya. Una modalidad que se repite en infinidad de locales, en donde se pueden ver familias enteras alrededor de la computadora y su videocámara, saludando a sus seres queridos en cualquier punto del planeta.

“Entro a un chat inglés y practico el idioma, lo uso para hacer algunas tareas. En los cíbers hay de todo, yo vi de todo desde que empecé a conectarme: gente que se queda dormida en las máquinas, tipos que, venís de día y están, venís de noche ¡y están! La gente los usa para un montón de cosas y está bueno porque no muchos pueden costearse una “compu”, cuenta Eduardo Reyna, estudiante de profesorado de inglés, 23 años, en un cíber de Flores abierto las 24 horas.

Ese “de todo” del cibernauta apareció repetidas veces entre los usuarios entrevistados por LA NACION, aludiendo a la seguridad en los cíbers, en la que confían algunos padres que dejan a sus hijos allí para que se conecten a la world wide web o los juegos en red. Sin ánimos alarmistas, hace una semana se desbarató una banda de pedófilos que reclutaba niños y adolescentes en cíbers de Zona Norte. En septiembre del año pasado, según el diario Beijing News, un joven chino de 30 años falleció en un cíber después de estar más de tres días conectado a Internet. Todavía se recuerda en Moreno la muerte del chico de 12 años que jugaba en el cíber cuando una bala lo atravesó mientras se robaban la caja.

Muy lejos de los denominados “ciberdelincuentes” descriptos en el libro Mc Mafia, del inglés Misha Glenny, se sabe de todos modos que los miles de cibercafés son testigos de las transacciones del comercio marginal de chips, celulares, zapatillas, estéreos, mp3 y muchas otras mercancías robadas por rateros de poca monta que buscan vender al mejor postor y con la protección del anonimato.

A pesar de todo esto, las ventajas de tener “ciberoficinas” y conectividad en puntos fijos como paradigma de la movilidad (los expertos dicen que no sólo se es usuario móvil por usar tecnologías móviles o inalámbricas, como celulares, o el Wi Fi) parecen muchísimas. Tantas que, esta nota, este párrafo, fue escrito y enviado desde un cíber, a cuadras de la villa más poblada y peligrosa de la Ciudad de Buenos Aires, en medio de chicos que cantan por lo bajo sus canciones favoritas que escuchan y miran por Youtube, de una madre que recorre el lugar buscando a su hijo, un muchacho conectado a una página de búsqueda de empleos, y una joven que mira para ambos lados, se anima, y al fin tira un beso a la videocámara.


Utopías y promesas cumplidas

Tal vez no todas las promesas de Internet terminen cumpliéndose.
Seguramente, ni su vocación de horizontalidad ni su utopía democratizadora puedan contra la marca de la inequidad. Pero Richard, que no entiende de esas cosas, siente que gracias a la Red está viviendo un sueño. El lo siente así, y también sus amigos de infancia, con los que creció hasta que empezó a aislarse. Tal vez no soportaba ser el sordomudo del barrio: no entender y que no lo entendieran. Hasta hace poco, un abrazo, un saludo y sonrisas amigables eran todo lo que se podían intercambiar. Hoy, Richard, de 37 años, tiene MSN. Después del trabajo va directo al cíber y cuando ve que su amigo periodista está conectado disfruta con una carcajada. Como aquella primera vez que chatearon y pudieron ponerse al día después de años sin poder hablar de River, de mujeres, de los hijos o de la vida. Ese día Richard llegó, puso las manos sobre el teclado y saludó, por primera vez, de la forma en que sólo los amigos de la infancia pueden y están autorizados a saludar: “Hola, puto. =) “.

Publicado en La Nación.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1035791