La identidad

Tal como lo concibe Derrida, su objetivo es poner de relieve el hecho de que la creación de una identidad implica el establecimiento de una diferencia, diferencia que a menudo se construye sobre la base de una jerarquía: por ejemplo entre forma y materia, blanco y negro, hombre y mujer, etc. Una vez hemos comprendido que toda identidad es relacional y que la afirmación de una diferencia es una condición previa para la existencia de cualquier identidad -es decir, la percepción de “otra” cosa que constituirá su “exterior”-, entonces podemos empezar a comprender por qué dicha relación siempre puede convertirse en el caldo de cultivo del antagonismo. Al llegar a la creación de una identidad colectiva, básicamente la creación de un “nosotros” por la demarcación de un “ellos”, siempre existe la posibilidad de que esa relación de “nosotros” y “ellos” se convierta en una de “amigos” y “enemigos”; es decir, que se convierta en una relación de antagonismo. Esto sucede cuando el “otro”, que hasta entonces se había considerado simplemente como diferente, empieza a ser percibido como alguien que cuestiona nuestra identidad y amenaza nuestra existencia. A partir de ese momento, cualquier forma que adopte la relación “nosotros/ellos” (tanto si es religiosa como étnica, económica o de otro tipo) pasa a ser política.

Autor: Alberto Constante

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