Dominación y desprecio

En el libro “Hacerlo posible. Autoorganización, Proyectos compartidos y procesos de aprendizaje“, Alberto Ivern sostiene lo siguiente en la páginas 56 y 57:

Adoptaremos la expresión “pueblos originarios”, porque es utilizada por los mapuches, uno de los pueblos a los que nos referiremos. La voz “indios” o indígenas alude, según algunos, a la India (los españoles creían ver hindúes) y, según otros, tiene una connotación de “indigentes” (ya que los primeros “hindúes” que los españoles avistaron sólo vestían taparrabos). Imponer un sólo nombre genérico a la totalidad de los pueblos, culturas y naciones de Abya Yala no fue el único indicador de una actitud de dominación y desprecio. Lo mismo cabe decir de la expresión “aborígenes”, tanto en su sentido de “sin origen” como en la acepción “desde los orígenes”, puesto que no sería un reconocimiento, por parte de los invasores, de un origen legítimo anterior a ellos -es decir, de culturas originarias, con sus diferentes gobiernos, organizaciones de producción e intercambio, sus diferentes identidades, creencias y prácticas comunitarias, de las cuales dan testimonio Vazco de Quiroga, Zumárraga o Bartolomé de las Casas- sino a lo que había antes de la “civilización” que ellos instituyeron y desde la cual califican -descalifican- a las demás cuando no pueden negar sus existencia. El pueblo Wichi, por ejemplo, que literalmente significa “hombre pleno o plenitud humana”, es rebautizado por los colonizadores como “matacos” (animal de poca monta).

Fragmento de la 4ta declaracion de la selva lacandona. Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.

Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.

Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.

Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.

Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.

Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.

Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas.

Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.

Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.

Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.

Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.

Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.

Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.

Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.

Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.

Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.

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