"Somos una sociedad que lee poco" (Entrevista a Mempo Giardinelli)


Fragmento de entrevista realizada por La Nación a Mempo Giardinelli y publicada en: http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=840984

-Usted acaba de escribir un libro sobre la necesidad de volver a leer. ¿Considera que es preciso hacer una distinción entre la buena y la mala literatura?

-Yo no recomiendo leer best-sellers o libros de autoayuda, pero si alguien los lee, no lo critico. Yo no cuestiono ninguna lectura. Puede suceder que un niño comience leyendo revistas de deporte y de ahí pase a lecturas de mayor nivel. Yo empecé leyendo historietas antes de leer a Stevenson o a Poe. Esto no significa que sea válido leer cualquier cosa. Insisto en que hay libros puente que pueden ser útiles para acceder a lecturas mejores, pero es verdad que hay una literatura ligera que tiene que ver con la globalización. Y también es verdad que el lenguaje está empobrecido.

-Pero usted en sus novelas utiliza malas palabras y no duda en hacer descripciones explícitas

-Es que no hay malas palabras. Todas las palabras son buenas. Todo depende de cómo se las use. Para mí, las noventa mil palabras de la lengua castellana son excelentes, y en esto trato de ser cervantino. Es decir: quiero que los textos sean sustantivos y, a la vez, que sirvan para el entretenimiento de la sociedad; que la literatura pueda llegar al vulgo. Lo que quiero decir cuando hablo de chabacanería es otra cosa, y es cómo se hace en la Argentina la apología de la estupidez, a través de la televisión, sobre todo. Eso hace mucho daño a la gente, sobre todo porque somos una sociedad que lee poco. Y ni que hablar de los dirigentes… En el poder, no se lee, y en la oposición, tampoco. Ni los economistas, ni los sindicalistas, ni los eclesiásticos, ni los docentes leen. No lo digo para acusar a nadie, sino para proponerles que lean. A partir de la Noche de los Bastones Largos, la lectura pasó a ser sospechosa, subversiva, la enemiga principal del poder, porque la lectura era el camino hacia la apertura de la cabeza. Durante los últimos 30 o 40 años, leer fue peligroso. En este país se quemaron millones de libros en las plazas públicas, y éste es un símbolo muy fuerte. El libro fue un enemigo, y también el intelectual, que pasó a ser llamado “intelectual de mierda”. Hasta tal punto llegó esto, que hoy decimos “no intelectualicemos”. ¡Como si pensar fuera algo malo!

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