Sentir la ciudad como propia
Publicado por federicodomingo en Julio 1, 2008
Dentro de cada una de las megalópolis o grandes y medias urbes de América Latina nos resulta difícil tener
idea de dónde estas comienzan y dónde terminan, o en qué lugar preciso nos hallamos. En general, la población posee una vaga experiencia de la ciudad como conjunto, ni siquiera de partes de ella, el simulacro
de la totalidad solo puede obtenerse de los helicópteros que dirigen el tránsito.
En este sentido podemos señalar como fenómeno contemporáneo, la creciente dificultad que tienen los actuales habitantes de nuestras ciudades para identificarse con el entorno en el que viven y trabajan. Ya que cada vez son menos los que viven y trabajan en el mismo inmueble y posiblemente sean muy pocos los que viven y trabajan en el mismo lugar en que nacieron. Esto se debe a la cada vez más creciente movilidad que caracteriza a la población, ligada a su vez a los factores de economía cambiante, las tradiciones mutantes, las nuevas oportunidades de trabajo o empleo, la menor sujeción a la actividad ejercida por la generación precedente, los cambios generales de las modas, los gustos y otros aspectos diversos.
Pareciera ser que la ruta que transitamos cotidianamente determina nuestro conocimiento de la ciudad, o peor aun, la rutina de nuestros movimientos hace que dejemos de conocer hasta por dónde transitamos día a día.
Cada grupo de personas recorre apenas sólo pequeños sectores de estos inmensos conglomerados, para desarrollar sus tareas habituales. Es por esto que se pierde la experiencia de lo urbano, debilitándose los lazos de solidaridad y la idea de pertenencia.
También observamos que de los barrios hoy, ya no se sale al centro, ya que no existe un único centro. Aquel
lugar geográfico delimitado conformado por monumentos, o por cruces de calles y ciertas avenidas, teatros,
cines, restaurantes, confiterías, peatonales, etc. Muchas ciudades latinoamericanas, como por ejemplo Buenos Aires, han entrado en un proceso de “angelinización”.
Ya casi no nos movemos de una punta a la otra de la ciudad. Los barrios ricos por su parte, han establecidos sus propios centros, quizás más limpios, más ordenados, o mejor vigilados, cambiando el concepto de espacio público e impidiendo un intercambio más democrático. Podríamos decir entonces que la gente actualmente pertenecen más a los barrios urbanos o a los barrios “audiovisuales”, ya que perciben la ciudad en forma mediatizada.
Todo ello lleva a una mutabilidad de los valores formales y significativos del entorno construido, o sea del marco de vida del ciudadano corriente. Por lo cual se produce la perdida de significados de las formas urbanas y por lo tanto una incapacidad para sentir la ciudad como un bien colectivo al cual se está vinculado
por obligación a la par que derechos individuales.
Profesora Alicia Cabezudo | Rosario, Argentina,2006
Documento completo en: http://www.hegoa.ehu.es/congreso/gasteiz/doku/Ciueduc.pdf

