¿Cómo hacer un videolog?
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El modelo es un conjunto de 5 análisis, los cuales son:
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Publicado por federicodomingo on Mayo 9, 2008
Alfredo Moffat:
“El trabajo debe brindar una identidad”
Reportaje de Silvia Ele (pseudónimo de Silvia Lisnofsky)
http://www.sht.com.ar/reportajes/moffat.htm
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Alfredo Moffatt, psicólogo social, fue discípulo personal de Enrique Pichon Riviere. Es autor, entre otros libros, de Psicoterapia del oprimido, usado como texto en numerosas universidades latinoamericanas. Es creador, además, de experiencias terapéuticas alternativas con décadas de trayectoria, y de su propia Escuela de Psicología Nacional. Buceador incansable en los temas de la locura, la pobreza y la realidad humana, en esta entrevista exclusiva con Ser Humano y Trabajo ofrece su particular visión, por momentos mordaz, del mundo laboral.
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¿Cómo podemos introducirnos en la cuestión del trabajo desde la psicología?
Freud decía que la familia y el trabajo son los dos pilares de la existencia y del desarrollo de la vida. O sea que el amor y el trabajo son las dos tareas que permiten desarrollar la vida en un sentido positivo. Por lo tanto, el trabajo debe ser un trabajo que personalice. Ya sea a un ejecutivo o a un peón de granja. Y cuanto más agradable le sea el trabajo, más rendirá en él. Es decir, cuanto más sirva ese rol profesional para consolidar su identidad, mejor lo desempeñará. Porque una parte importante de la identidad es lo que yo hago: soy colectivero, o carnicero, o ingeniero. Eso es lo que me sostiene y me recorta del resto. También me da una pertenencia a una corporación. Entonces me ayuda a explicar qué soy en la vida, respecto de los demás, y cuál es mi destino. Por eso es importante que el trabajo tenga una capacidad de individuación, de brindar una identidad.
¿Cómo se articula la cuestión del dinero con el trabajo?
Los trabajos que brindan un alto nivel de gratificación son los peor pagados, porque ya se pagan con la gratificación. Por ejemplo, un médico gana muy poco en un hospital, pero su tarea es altruista y esto le da un sentido a su vida y también le da prestigio. En cambio, un trabajo con el mismo esfuerzo, pero alienante, o rutinario, hay que pagarlo mucho más.
¿Podría aclararnos un poco más el concepto de identidad?
Identidad es lo que uno es. Uno es hombre, morocho, gordo, de origen italiano, que vive en Lanús y que, fundamentalmente, es colectivero. Además es padre, es esposo de, es el hijo de. Es decir, está inserto en una trama que lo sostiene. Por eso, frente al exilio, o a una gran pérdida, o al desempleo, siente que pierde identidad. No sabe cómo organizar el proyecto de vida.
¿Qué sucede en el caso de los ejecutivos que construyen su vida centrada en sus logros laborales-profesionales?
En algunos casos (no en todos, no hagamos generalizaciones odiosas) han diseñado un gran proyecto de vida, muy ambicioso a veces. Y luego de recibirse trabajan mucho, consiguen el departamento, el chalet en el country, una esposa, una amante, y todo eso. Pero cuando tienen todo lo que habían proyectado tener, en muchos casos, se les produce lo que se conoce como la “crisis de la mitad de la vida”. Que básicamente es una crisis existencial. Y que, también, en muchos casos, se supera cuando se pueden rescatar las fantasías adolescentes, aquellas que quedaron sin realizar, que casualmente no son las que se refieren a logros materiales. Más bien son las que se refieren a ser útiles a los demás, tener actitudes solidarias, pensar en el arte, o en la trascendencia o realizar estudios que fueron postergados por poco rentables, pero que constituían su verdadera vocación.
¿Por qué, en muchos casos, el dinero no compensa al punto de que se produce la crisis, con su consiguiente desequilibrio familiar, social, y personal?
El trabajo debe ser un valor en sí mismo, no por el dinero que dé. Por ejemplo, un médico muy prestigiado socialmente puede prescindir de ciertas adquisiciones porque lo compensa el respeto que recibe de la gente. Lo que más necesitamos es el respeto de los otros. Necesitamos ser valorados, admirados. El dinero nos brinda un remedo de eso. O bien la profesión nos permite ser respetados por los otros. La Madre Teresa de Calcuta debía sentirse como millonaria, ya que tenía muy halagado su narcisismo básico. Entonces el gran planteo respecto del trabajo es: ¿qué gratificación me da?, y además, ¿qué imagen mía da ante la sociedad?
¿Por qué este tipo de crisis se hizo más generalizada en las últimas décadas del milenio pasado?
Antes, un ejecutivo, que era un empresario, o era el jefe, o el director, o el dueño de una empresa que tenía una larga trayectoria (a veces familiar), que era como un padre para sus empleados, tenía, además de la ganancia material, una imagen que le daba un sostén psicológico. Ahora, con las multinacionales, que tienen personas con alta calificación profesional, pero son parte de una maquinaria enorme, donde no obtienen la gratificación del respeto de la comunidad a la cual manejan, la única satisfacción es la que proviene del dinero. Necesitan entonces comprar y comprar, para compensar la falta de reconocimiento público. Las empresas japonesas –creo, no lo vi porque hasta allí no llegué–, son distintas en ese sentido. Tienen una organización más tradicional. El que trabaja en la empresa, forma parte de ella y participa de su prestigio.
¿Cuál sería un perfil aproximado de un ejecutivo en el modelo actual?
Basta ver los aviso de pedidos de personal de ese nivel. Un ejecutivo tiene que ser, en la empresa actual, “joven agresivo, con ambición”, y faltaría que dijera “despiadado”. Dan una imagen de un psicópata peligroso. Esto ya hace una preselección. Así, la gente más sensible, humanitaria, depresiva, no califica. Y sí lo hace la gente que se centra más en la acción y en la mística de la ganancia (porque de alguna manera también es una mística). Además, este tipo de cualidades son incentivadas en los jóvenes ya que, por lo visto, son cualidades solicitadas y que proporcionan ventajas en el terreno laboral.
¿Cómo es que suele caer en una crisis un individuo que es envidiado por su poder, por sus bienes, por su posición?
Al ejecutivo, por un lado, se le puede envidiar sus logros materiales. Pero, por otro, tiene un lado débil, que es el de la angustia existencial. Es una de la angustias más profundas del hombre. Tiene que ver con el amor, con el reconocimiento del otro, con que el otro lo mire, lo acepte y lo valore. Cuando el ejecutivo que ha juntado muchos miles de dólares se queda solo y toma un billete de 100 dólares y lo mira a Benjamín Franklin para ver si lo reconoce, se da cuenta de que el gordito lo mira de costado y sobrador. Lo cual no es de mucha ayuda en una depresión existencial, y es entonces donde se viene a pique su seguridad en el mundo.
¿Y entonces qué puede pasar?
Y, allí es donde puede caer en manos de algún psicoanalista deshonesto que le saca mucho dinero, y lo engaña convenciéndolo de que el sexo y el dinero son las dos cosas que le dan sentido a la vida.
Llegamos a un tema crucial: los humoristas suelen bromear a menudo con la cuestión de la vida sexual del ejecutivo, sobre todo con las quejas de sus esposas respecto de la escasa atención que reciben.
El sexo es muy importante, pero no con su esposa. Porque en general, la “bruja” le sirve sólo para ascender, le sirve de escalera para conseguir el dinero que le permitirá obtener a todas las mujeres glamorosas y jóvenes que andan por allí revoloteando a su vera, atraídas por ese dinero. La familia es su fachada, la imagen para vender. Pero el sexo está en lo trasgresor, en las otras. Y si aparece alguna que se enamora de verdad, ella pierde. A menos que por algún costado humano que todavía no tiene aniquilado, él también se enamore, y entonces allí sí pierde él. Pierde su familia, su situación en la empresa y su imagen se deterioran, y puede perder lo que logró.
¿Cómo suele manejar sus relaciones interpersonales dentro del trabajo?
En su relación con sus subordinados, el ejecutivo no tiene que ser brutal, porque ya no se usa. Tiene que practicar una seducción amable, pero despiadada en el fondo, en la que lo convence de que obligarlo a trabajar 16 horas diarias es una manera de ayudarlo a triunfar en la vida.
¿Y cómo termina, en general, o se resuelve, una crisis?
Cuando llega a la crisis en la que entra en conflicto con su vida actual, es porque ya se comió todas las zanahorias que él mismo se había fabricado y necesita otras. Que a veces no son de la misma naturaleza. Pasa de la necesidad de poseer objetos a la de poseer conocimientos, amor, o sentimientos nuevos o postergados. Siempre detrás de un ejecutivo triunfante está la posibilidad de un converso. Muchas veces le sucede al ejecutivo exitoso que, de pronto, un día, hace un insight y se encuentra con que no le gusta lo que es o lo que tiene o lo que hace. El surgimiento de un sentimiento de amor hacia la gente, o una necesidad repentina de amor, pueden producir un vuelco. Pensemos que su posición no es fácil. Como todo el que tiene dinero, está siempre en la duda espantosa: “¿Me quieren a mí por mí, o por mi dinero?”. Lo cual es también una desgracia.
Supongamos que produce el giro positivo necesario. ¿Puede seguir en su función de antes sin conflictos paralizadores, o destructores?
Puede, entonces, generar un cambio en su conducta, humanizándose y sensibilizándose, sin que esto sea incompatible con su condición general. No tiene que dejar de ser lo que es. De hecho, muchas empresas se humanizan cambiando su concepción, modificando su actitud respecto de sus empleados o de sus consumidores, pero hasta cierto punto. No olvidemos que el empresario, o el ejecutivo, no tienen absoluta independencia en este sentido. Están presos de una maquinaria ideológica, que se llama “las multinacionales”, en las que su función es lograr el máximo beneficio aunque para ello deba transgredir cualquier código moral. Si no lo hace, se considera que bajó su rendimiento y puede ser despedido o rebajado de posición. Sobre todo porque siempre hay otros atrás que prometen cumplir mejor la función que él. Las multinacionales suelen ser instituciones muy abstractas, a las cuales les interesa sólo la mayor ganancia, y no registran que cuanto mayor sea su beneficio, más niños mueren de hambre en el mundo, por ejemplo. Por supuesto, son muy fuertes, y el ejecutivo no es dueño de cambiar las cosas porque ni bien se le caiga una lágrima, la va a pisar, va a resbalar y va a caer, empujado por los que vienen de atrás, tratando de ocupar su lugar.
¿Hay algún mensaje de esperanza que pueda dejarnos acerca de ésto?
Creo que el ser humano en algún momento alcanzará el equilibrio que le permita lucrar sin explotar, mandar sin someter, ser eficiente y al mismo tiempo solidario. Posiblemente eso llegue el día en que pueda comprobar que de ello obtendrá más beneficio (moral, afectivo, social y de identificación positiva).
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Publicado por federicodomingo on Mayo 9, 2008
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Publicado por federicodomingo on Mayo 8, 2008
Realizar Click en el siguiente vínculo:
http://www.ua.es/dossierprensa/2002/05/02/2.html
Más información: http://www.google.es/search?q=%22la%20ciudad%20en%20el%20cine%22
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Publicado por federicodomingo on Mayo 8, 2008
Fragmento de artículo publicado en: http://www.espantapajaros.com/articulos/ar_lec_9.php
Anita tiene tres años. Pasa al lado de una máquina expendedora de gaseosa y piensa “quiero coca”. Su padre es vendedor ambulante, vende trapos de rejilla a los automovilistas que se detienen frente al semáforo del shopping. Ella le ayuda, porque aun siendo más chiquita, le compran más rejillas que a su tata.
Anita tiene sed y desea beber Coca-Cola, pero se conforma con agua de la canilla pública del estacionamiento del shopping. Sabe leer Coca sin haberse enterado que la “C” se llama “ce” y que suena “C”, interpreta el significado de esas letras escritas que saben a refresco caramelo marrón, pero comprende muy bien que con agua es suficiente. Anita ha descubierto los propósitos de la escritura. Sí que lo sabe. Sabe que esos signos que algunos llaman letras dicen lo que hay dentro de esa máquina de gaseosa, que a cambio de una moneda (ay, si ella tuviera una moneda…) le daría coca. Pero no, Anita es muy inteligente, ha aprendido en la calle, trabajando, que la coca, con dos “C” no es para ella, es para los niños que ve jugando en el segundo piso vidriado del shopping, montados en una calesita llena de luces, caballitos y colores que brillan tanto, que cuando anochece iluminan la noche del estacionamiento. En el libro Infancia y poder, Mariano Narodowski dice que los efectos de la globalización de las nuevas tecnologías y de la exclusión provocada por el modelo económico-social vigente, han llevado a la construcción de dos tipos de infancias bien diferenciadas: una infancia hiperrealizada, que tiene acceso a nuevas formas de pensamiento, fragmentario, yuxtapuesto -de video clip, podríamos decir en términos de imagen- que no es mejor ni peor que otros, sino distinto, y que conducen a modos de ejecutar acciones conceptuales que aun ni la psicología educacional y la evolutiva han terminado de descifrar. Una infancia que se sabe más astuta que muchos adultos que pretenden “pedagogizarla”, pues está más preparada y dispuesta que sus maestros a entenderse con y a través de las nuevas tecnologías informáticas. Sus modos de recolectar información y de leer, si bien están tecnológicamente asistidos por orientadores de sentido, son autogestivas en tanto requieren de estrategias volitivas para connotarlas y exigen del usuario-lector destrezas de selección que le posibiliten no perderse en un mar infinito de datos.
Esta infancia hiperrealizada (pobres niños ricos, diría Benedetti) ha incorporado y habitualizado a sus esquemas representativos los conceptos de precarización, consumo y mercantilización, asumiéndolos como modo de vida. Paradójicamente estos niños, capaces de infiltrarse en informaciones secretas de bases de datos informáticas supuestamente inviolables, son ignorantes o por lo menos inmaduros a la hora de sobrevivir sin protección adulta; de hecho, esta niñez y adolescencia hiperrealizadas son cada vez más extensas cronológicamente en cuanto a la dependencia vincular con sus padres, agudizado esto en nuestros países por la falta de oportunidades laborales y académicas.
Anita no pertenece a este tipo de infancia, sino a la otra. A una que coexiste mirando, desde la calle, inabordables juegos con láser. Ella pertenece al grueso grupo de los niños que engordan estadísticas de las ONU, UNESCO y de miles de ONGs; ella forma parte de esa infancia desrealizada que nos rodea a diario, esos niños y niñas que han quedado no solo afuera de las mieles de las nuevas tecnologías de la comunicación, sino de las más elementales de sus necesidades básicas cubiertas. Una infancia que se adultece a fuerza de intemperie y exclusión: primero -y cada vez más tempranamente- de su seno familiar, luego de la escuela y por fin de la sociedad. Una infancia que es capaz de sobrevivir en la calle pero que es incapaz de superar el primer ciclo de la escolaridad primaria. Sobrevivir en términos de vivir, crecer, drogarse, jugarse, dormir, hambrearse, amar, robar, congelarse, limpiar vidrios, enamorarse, compartir y hasta morir en la calle.
Estos chicos que no tienen un pelo de tontos a la hora de comprender el valor de la moneda, son los que la escuela dice que no pueden aprender a leer y a escribir. ¿Cómo es que Anita puede leer “coca” de un cartel y luego no podrá aprender a leer lo que la escuela le enseña? ¿Cómo es capaz de leer los signos y los metamensajes que su realidad social le imponen y no puede leer frases tan célebres como “El osito Matías come setas. ¡Es goloso!” (y ¡cuidado!, he extraído esta frase de un libro escolar vigente). ¿Será quizás que Anita no solo no tiene idea de lo que es una seta, sino que además su necesidades de todo, incluso de lectura, pasan hoy por hoy por otros lados?
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Publicado por federicodomingo on Mayo 8, 2008
Realizar click en el vínculo “Arte Africano” para bajar la presentación presentación PowerPoint:
“Caricias”
Keith Mallett
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Publicado por federicodomingo on Mayo 8, 2008
El carnaval es una fiesta profana celebrada desde hace milenios por los riojanos. El popular barrio de San Vicente, epicentro chayero por excelencia, es considerado el barrio de cantores y poetas.
Allí vive Mayela Gordillo, vidalera al igual que lo fueron su madre y su abuela. Desde muy niña, junto a ellas se dedicó a la construcción de las que hoy se llaman “cajas chayeras”, pero que años atrás se denominaban tambores ya que eran de un aluminio muy grueso y se fabricaban sobre una especie de tachos que contenían alcohol y un hojalatero que le daba la forma. Luego de este proceso se les colocaba cuero de cabrito de un lado y de liebre del otro.
Mayela cuenta con nostalgia la historia de los viejos carnavales, los cuales se realizaban en lo que hoy se llama el “Estadio del Centro”, sede oficial del Festival de la Chaya. “Se cantaba en el día, la tarde y sobre todo en la siesta que es cuando más se festeja el carnaval en La Rioja. Se juntaban las comadres, las familias que eran poquitas con sus casas a veinte cuadras de distancia y se quedaban por tres días en mi casa; traían la comida, venían a caballo, mula o burro con las alforjas cargadas. No eran fiestas populares, sino familiares”, sostiene con cierto aire de nostalgia en su mirada.
La legendaria chayera sigue el relato: “Cuando murió mi madre yo me propuse enseñar a cantar, romper esa tradición de que había que ser adulto para cantar y participar. Les enseño a mis sobrinos para que no se pierda esa tradición. Hubo cosas terribles como el exterminio de nuestra raza. Fue muy duro mantener eso, seguir adelante y tener coraje para querer hacer y no dejar que se lleven todo”.
“En frente de donde yo vivo era el Pukial, nombre quichua, pero que ahora se llama Estadio del Centro. ”.
Antes era abierto y ahora es cerrado, para nosotros siempre fue el carnaval, ahora es el festival de la chaya. Nosotros cantábamos ahí como si fuera nuestra casa, hacíamos un rancho ahí mismo y nos poníamos a cantar y vidalear con los amigos. Ahora todo el sistema hizo que esto sea un negocio y ya no permite que la gente humilde se acerque a tomar un buen vino y a comer unas empanadas picantes, eso ya es inalcanzable para el bolsillo de la gente humilde”denuncia la cantora.
Fuente: http://argentinafolclore.com/argentinafolcloreblog/2007/12/20/la-rioja-entre-coplas-y-azahares/
Más información:
www.satlink.com/…/estudio3/multilar/chaya.htm
www.pagina12.com.ar/…/9-992-2007-02-14.html
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Publicado por federicodomingo on Mayo 8, 2008
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Publicado por federicodomingo on Mayo 7, 2008
Buscando mi sitio hallé esta esquinita del mundo donde me di de bruces con el proyecto de mí misma. Lectora, viajera y enamorada, dicen los que conocen los síntomas, que tales ciudadanos somos molestos porque no se tiene control sobre nosotros y tenemos que ser llamados al orden. De la mano de Edgardo, con un libro en la otra, aroma a tomillo en los pies, y el gusto del mate amargo en las entrañas, cada día estoy más convencida de que vivir vale la pena, y de que efectivamente, la realidad no es así, está así, por lo tanto seguiré con mi oficio y sus gajes: caminar, tropezar, levantarme, soñar, intentar, amar, contar, leer, escribir, preguntar, escuchar… Aprender y nunca, nunca olvidar que me queda todo por hacer.
Fragmento de post “El perfil de la cómplice”, del Blog El Bibliotecario de la Bitácora: http://bitacoradeunbibliotecario03.blogspot.com/2007/04/el-perfil-de-la-cmplice.html

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Publicado por federicodomingo on Mayo 7, 2008
Publicado en Diario El Independiente, La Rioja-Argentina el 24 de marzo de 2006
Por Marcela Mercado Luna
Si la verdad de la Historia reposa en la fidelidad a las fechas y los nombres, la verdad del arte se levanta sobre el cimiento de la naturaleza humana misma; y un buen novelista puede reflejar una época con tanta o mayor credibilidad que el más pintado de los historiadores. En estos días de mucha memoria, a treinta años del más negro capítulo de la historia argentina, cuando, felizmente, desde todos los ámbitos (oficiales y no oficiales) se promueven actividades destinadas a ilustrar a las nuevas generaciones sobre las vicisitudes de la represión, vale la pena recomendar a nuestros jóvenes la lectura de Mario Paoletti.
Entre la mucha y variada literatura que el Golpe del ´76 ha dado en nuestro país, es insoslayable la referencia a la obra de Mario Paoletti, escritor argentino con una historia personal muy vinculada a nuestra provincia y cuya producción, lejos de agotarse en los temas brindados por aquella tenebrosa época, es vasta y variada: periodista, narrador, poeta y ensayista, Mario Paoletti, es el autor de una importante obra literaria que abarca diferentes géneros. Publicó poemas, cuentos, novelas, biografías y ensayos. Ha obtenido premios en poesía y narrativa en España, Cuba y Estados Unidos.
La Trilogía Argentina:
La llamada “Trilogía Argentina”, está integrada por las novelas: Antes del Diluvio (1988), A Fuego Lento (1993) y Mala Junta (1999), publicadas en nuestro país por Editorial de Belgrano.
Las tres novelas, de discurso autobiográfico, van retratando distintos momentos del devenir argentino captados desde la óptica y la experiencia del personaje-narrador, quien transita las diferentes etapas de su vida –desde la infancia a la adultez– durante el doloroso tramo de historia de un país conmocionado por los desencuentros políticos primero, y por el terrorismo de estado, después.
El protagonista es un huérfano cuyo nombre no conocemos (sólo el apodo, ‘Gomaespuma’, con el que lo identifican sus amigos), criado por su abuela materna (Rafaela, uno de los caracteres mejor trazados de la narrativa argentina). El joven escapa de las situaciones adversas propias de la pobreza, gracias, fundamentalmente, al valor autodidacta de sus muchas y desordenadas lecturas.
El marco temporal de la trilogía abarca desde los años treinta, evocados por recuerdos infantiles del personaje, hasta los años noventa, vividos desde una ya estable situación de argentino radicado definitivamente en Madrid.
Las peripecias del personaje-narrador corren tan paralelas a las del propio autor en la vida real, que el lector se sentirá tentado más de una vez a hacer la identificación autor-narrador, tantas veces señalada como engañosa por los teóricos de la literatura y frente a la cual, el mismo Paoletti nos previene desde el epígrafe de la primera novela: “En esta novela yo no soy yo, ustedes no son ustedes y, sobre todo, él no es él. Sólo ellos son ellos”. (Cabe aclarar que Paoletti es 10 años menor que su personaje).
Pero si –como suele decir Héctor Tizón– toda obra es autobiográfica porque narra hechos que le pasaron a uno o les pasaron a otros, la trilogía lo es sobradamente: en ella las biografías del autor y de otros muchos seres que pueblan y poblaron los escenarios presentados, se entretejen con la del país mismo: La Argentina de mediados del siglo XX vive y late en cada una de estas páginas que transcurren dentro de un contexto de rigurosa historia, en la que existe una línea divisoria precisa: el Diluvio, metáfora elegida por Paoletti para designar los años de la última dictadura militar, que se encuentran reflejados –desde la mirada de un preso político– en la segunda de las novelas de la trilogía: A Fuego Lento. Los tiempos anteriores se narran, como bien lo sugiere el título, en Antes del Diluvio y los posteriores en Mala Junta.
A pesar de su previsible conexión integradora, estos volúmenes tienen su propia unidad narrativa y admiten por tanto ser leídos con independencia unos de otros.
El ritmo narrativo de Paoletti –sostenido y parejo– se completa con pistas de estilo inconfundibles, como los guiños de intertextualidad, que atrapan al lector y hacen hasta de los hechos más sórdidos y crueles, un relato ameno y no exento de humor, rasgo este último, manejado con absoluta maestría en “A Fuego Lento”, novela que narra las últimas dos semanas de prisión del protagonista en la Cárcel de Sierra Chica, donde padece situaciones aberrantes y dolorosas, en las que nada hace prever la posibilidad de encontrar momentos graciosos; y sin embargo, el lector se sorprenderá riendo más de una vez, quizá con los ojos todavía húmedos por la ignominia a la que acaba de asistir dos líneas atrás.
Acaso sea “A fuego lento”, la más autobiográfica de la tres; y por ello, además de los méritos literarios, tiene el valor agregado de “lo vivido”, al percibirse como un relato de primera mano, testimonio veraz de quien padeció directamente los efectos de aquel “diluvio” que marcara con un sello de horror la historia patria.
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Publicado por federicodomingo on Mayo 7, 2008
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Publicado por federicodomingo on Mayo 7, 2008
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